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registrada © 2004, La Gran Cruzada del Amor y Misericordia. Todo derecho
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La Gran Cruzada del Amor y Misericordia.
(The Great Crusade of Love and Mercy)
P.O. Box 857, Lithonia, Georgia 30058
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permite que el Espíritu Santo te guíe en la evangelización, de acuerdo con los
dones que El te ha dado.
INDICE
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Imprimátur |
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Presentación |
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Prólogo |
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Dedicatoria |
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Introducción |
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Primera Palabra: “Padre, perdónalos, porque no saben
lo que hacen…” |
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Segunda Palabra: “En
verdad te aseguro que hoy mismo estarás Conmigo en el Paraíso” |
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Tercera Palabra: “Mujer, ahí tienes a tu hijo… Hijo,
ahí tienes a tu Madre…” |
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Cuarta Palabra: “Tengo
Sed…” |
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Quinta Palabra: “Señor,
Señor… ¿Por qué Me Has abandonado…?” |
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Sexta Palabra: “¡Todo
está consumado…!” |
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Séptima Palabra: “Padre…
¡En Tus manos encomiendo Mi Espíritu…!” |
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Palabras finales de
Catalina |
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Nota de los editores |
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Citas bíblicas referidas
a Jesús |
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Libros de “La Gran
Cruzada” |
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PRESENTACIÓN
Todos los escritores
sagrados y místicos, que han deseado ardientemente penetrar en el corazón, la mente
y el alma de sus lectores, ofreciendo un verdadero alimento que reconforte el
espíritu, han acudido primeramente a Dios, para pedirle las luces necesarias y
sus divinas inspiraciones, a fin de poder iluminar con la luz de la fe, las
inteligencias y las voluntades de quienes desean recibir con humildad estos
saludables mensajes, que han sido escritos bajo la inspiración de Dios y que
revelan su santísima voluntad, para el bien y provecho de la humanidad.
El presente Libro, escrito
por Catalina, tiene la característica de los textos de aquellos quienes,
viviendo la intimidad con Dios, no han dudado bajo ninguna circunstancia en
internarse en las profundidades del Ser Divino, para constituirse en
transmisores de las inspiraciones que a Él le place concederles.
El Evangelio es la fuente
de donde nace la fe y nos lleva al conocimiento profundo de la Persona de
Jesucristo, que con su vida, pasión, muerte y resurrección, consiguió la
Redención del género humano.
En el Evangelio se
recapitula toda la infinita grandeza de Dios Trino, manifestada en la Persona
de Cristo. El Evangelio, como sabemos
los creyentes, es la fuente de donde se extraen todas las infalibles enseñanzas
de la Iglesia. De este Libro Sagrado,
que es la Palabra de Dios, han brotado innumerables escritos, tendientes a
fomentar la fe y hacer que la vida cristiana esté en conformidad con la
voluntad Divina.
Dios ha suscitado y
escogido a algunas personas, para que sean sus mensajeros y testigos de la
única Verdad, y ha querido confiar a ellos algunas riquezas del depósito de la
fe.
Los cristianos conocemos el
Evangelio; sin embargo, no todos lo viven ni lo comprenden en toda su dimensión
y por eso es necesario ir recorriéndolo, paso a paso, para comprenderlo mejor y
hacerlo norma de nuestra vida. ¡Cuántas
veces hemos leído sobre la Pasión de Cristo...! ¡Cuántas de ellas han pasado
como una simple lectura de historia o de novela, sin haber impactado en nuestra
vida!
En este Libro de Catalina,
verdaderamente inspirado por el Señor, encontramos una profunda reflexión sobre
la Pasión de Cristo, especialmente sobre aquellas Siete Palabras que Jesús,
agonizante en la Cruz, exclama para llamar a la conversión al género humano.
El eco de ese clamor Divino
se extiende a todo el mundo, y seguirá resonando a través del tiempo y del
espacio, aunque una inmensa mayoría de la humanidad tape sus oídos para no
escuchar.
Catalina, cumpliendo con el
sagrado deber de ser “pregonera de Cristo”, quiere llevar esas palabras
sagradas del Señor a todos los lugares, a todos los ambientes, a todos los
hombres y mujeres del mundo, para que comprendan que lo único necesario en la
vida es la amistad con Dios.
Catalina ha sido llamada
por esa voz de Jesucristo, e inspirada por Él quiere hacernos vivir su
experiencia de Dios, quiere introducirnos al Misterio de nuestra Redención,
llevándonos a aquellos solemnes y dolorosos momentos de la Pasión de
Jesucristo.
Esas escenas y sus
interpretaciones, están descritas en una forma vivencial y como arrancadas de
lo profundo de su ser, para que aquellos que las lean, sientan de veras la
presencia de Cristo, su llamado a la conversión y la fuerza del mandato a sus
elegidos, para que sean los portavoces del Redentor en un mundo tan tristemente
secularizado, tal como los editores lo apuntan en el prólogo de este libro:
“Observando este mundo, nos
damos cuenta de que necesita un freno -como dice el Papa Juan Pablo II-
necesita una nueva evangelización que haga resplandecer con renovadas fuerzas
la presencia de Dios, que reoriente al mundo hacia Cristo, nuestra esperanza;
hacia su misericordia; invitando a todos para que vuelvan a mirar la Cruz, para
poder calmar la tormenta que el enemigo común ha desatado sobre el mundo y para
enderezar los caminos de los hombres.”
Cada frase de las Siete Palabras,
tiene un contenido profundo que me lleva a recomendar el leerlo con
detenimiento, pensando que estamos al lado del Señor, para sentir en nuestra
vida el amor Divino de Jesucristo que, en el momento supremo de su vida, tenía
la mirada puesta en nosotros.
Es posible que algunos
quieran calificar este libro como “un escrito pietista”. No es eso. Este texto, además de no contener
ningún error dogmático, nos lleva a la presencia de Cristo para unirnos a todos
en la fe, en el amor y en la esperanza de una vida perfecta en Dios.
Mons.
René Fernández A.
ARZOBISPO
EMÉRITO DE COCHABAMBA
PRÓLOGO
Quien se sumerge en el
Misterio de la Pasión del Señor, no puede evitar los sentimientos de dolor y
compasión, por los terribles tratos que los hombres dieron a su Salvador.
Como hombre, Jesús
experimentó los peores dolores que pueda soportar un ser humano: ultrajes,
golpes, ofensas, heridas en todo su cuerpo... Fue tratado como si hubiera sido
un asesino, un enemigo de la humanidad.
Con expresiones muy
impactantes, los evangelistas nos describen las circunstancias que acompañaron
a Jesús en aquellos momentos fatales.
Seguramente estos textos pasaron en reiteradas ocasiones bajo nuestros
ojos, pero muchas veces en forma tan fugaz que no hemos podido penetrar en el
mensaje profundo que contiene aquella realidad histórica.
El presente libro narra y
describe algunos de los acontecimientos más relevantes de nuestra
Redención. Durante dos meses, por
varias horas diarias, Jesús invita a Catalina –la autora de estas páginas- a
vivir, a contemplar sus últimos momentos en la cruz, y al mismo tiempo a meditar
sobre sus últimas palabras.
Aquellas “últimas
palabras”, que jamás perderán su fuerza, adquieren un significado particular a
la luz de los acontecimientos que vive el hombre de hoy, empañado de
materialismo, de violencia, de pérdida de sentido; enceguecido por su soberbia,
al punto de atribuirse el derecho de manipular la vida, de sofocarla, de
decidir sobre el destino de los demás…
Sin duda, vivimos en un
mundo marcado por la cultura de la rivalidad y de la muerte, que promueve el
hedonismo en sus expresiones más aberrantes, mientras se formulan leyes cada
vez más alejadas de la fe, de los verdaderos valores. Es como si en todo lo que el hombre hace, procurara excluir en
forma sistemática y obstinada a su Creador, al grado que para muchos, hablar de
Dios en la cultura de hoy, resulta un anacronismo, un atropello a la razón.
Mientras tanto, quienes
creemos, estamos conscientes de que hay un gran debilitamiento en la práctica
de nuestra fe, de nuestra capacidad y disposición para orar; de nuestro
compromiso con Dios. La ausencia de
razones para sostener la fe nos viene conduciendo a la pereza espiritual, a la
pérdida del celo por las cosas del Señor, a la confusión y a las más diversas
maneras en que se manifiesta el mal.
Observando este mundo, nos
damos cuenta de que necesita un freno; necesita -como dice Juan Pablo II- una
nueva evangelización, que haga resplandecer con renovadas fuerzas la presencia
de Dios, que reoriente al mundo hacia Cristo, nuestra Esperanza; hacia su
Misericordia; invitando a todos para que vuelvan a mirar la Cruz, para poder
calmar la tormenta que el enemigo común ha desatado sobre el mundo, y para
enderezar los caminos de los hombres.
Estas páginas son una
invitación especial para ti, hermano sacerdote, hermano consagrado, hermano
laico -que estás involucrado en la efervescencia de la actividad y del
pensamiento humano- un llamado para que redescubras el significado del trabajo
por los intereses de Cristo.
Hemos olvidado el valor de
la cruz, del sufrimiento, de la penitencia; por esto no estamos respondiendo
como debiéramos al mandato recibido, que es el de ir por todo el mundo y
predicar la Buena Nueva del Evangelio.
Cuando Jesús le habla a
Catalina refiriéndose a los consagrados le dice: “Di a las almas consagradas
que la cruz que llevan no es solamente para que adorne su pecho […] deben
revestirse de ella, deben aprender a ‘acomodarse’ en ella en lugar de huir de
ella […] no pueden ambicionar el Tabor sin antes pasar por el Gólgota [...] En
la cruz es donde se aprende la caridad, la humildad, la pobreza de espíritu, la
templanza…”
Pero resulta que, con la
mentalidad de hoy, todo lo referido a la cruz, al sufrimiento, a la renuncia,
nos parece obsoleto; huimos de todo aquello que implica penitencia o
mortificación, no le vemos sentido...
Sin embargo, las palabras
de Cristo en el Evangelio “¡Si quieres seguirme toma tu cruz y sígueme!” no han
perdido vigencia. Si de veras estamos
dispuestos a configurar nuestra vida a la Suya, entonces veremos que son muchas
las vestiduras mundanas de las que tendremos que despojarnos y liberarnos.
Cristo sigue sufriendo en
los miembros de su Cuerpo místico, sufre en el anciano abandonado, en el pobre,
en el enfermo, en el encarcelado, en el hambriento, en el huérfano… ¿Será que
podemos aliviar este dolor? Tomar
conciencia de ello es comenzar a curar las llagas y las heridas mismas de
Cristo.
La actitud pasiva es propia
de aquel que está siendo domado por el enemigo. El enemigo común no molesta a quienes ya tiene sujetados, éstos
de hecho niegan su existencia, niegan el infierno, creen estar libres de las
tentaciones porque ya todo les parece normal; han perdido la conciencia del
pecado y por ello no necesitan evangelizar; están convencidos de que su
vocación consiste, en el mejor de los casos, en amar a su prójimo como a ellos
mismos, pero olvidándose de cultivar su relación personal con Dios a través de
la Cruz.
Ha llegado el momento de
abrir los ojos a esta realidad terrible que está diezmando a nuestra Iglesia.
La falta de convicciones, la ausencia de un compromiso serio, la falta de
oración, son síntomas que muestran claramente que nuestro enemigo no está
dormido, sino que obra incesantemente para arrebatar almas y arrancarnos de
nuestros deberes. Este texto es un
grito desesperado de Jesús a la Iglesia y a la humanidad, para que todos reconozcamos
nuestra necesidad de vivir una verdadera y profunda conversión.
Los
editores
D E D I C A T O R I A:
A Su Santidad, Juan Pablo II,
Con
profundo respeto, gratitud, cariño y admiración... Por enseñar heroicamente al
Pueblo de Dios a llevar su Cruz con amor cada día.
A:
Su Eminencia Rev. Antonio María Cardenal
Javierre Ortas Prefecto Emérito de la
Congregación para el Culto Divino y de la
Disciplina de los Sacramentos.
Su Excelencia Rev. Mons. José Oscar
Barahona Castillo
Obispo de San Vicente
El Salvador,
CA.
Su Excelencia Rev. Mons. René Fernández
Apaza
Arzobispo Emérito de Cochabamba
Su Excelencia Rev. Mons. Abel Costas
Montaño
Obispo Emérito de Tarija
Su Excelencia Rev. Mons. Manuel Revollo
Crespo
Obispo Emérito Castrense
Con inmensa gratitud
por su gran calidad humana, su sabiduría, su sencillez, y su admirable vocación
de Pastores y guías.
Rvdo. Padre Dr. Miguel Manzanera y García
SJ.
Director del
ANE- PROVIDA, Capítulo Bolívia
Rvdo. Padre Lic. Renzo Sessolo Chies SDB
Director Gral.
Del Apostolado de la Nueva Evangelización ANE
Con especial cariño y respeto por su extraordinaria paciencia para guiarme en este difícil camino.
A la
memoria de:
Su Eminencia Rev. Augusto Cardenal Vargas
Alzamora
Arzobispo Primado de Perú
S. E. Mons. Nino Marzoli
Obispo Auxiliar de Santa Cruz de la
Sierra, Bolivia
A los Obispos, sacerdotes y a todas aquellas almas
consagradas, hombres y mujeres, que en algún momento tuvieron una palabra de
aliento para esta pobre pecadora.
Pidiendo al Señor los premie a todos abundantemente en
el Cielo, donde, ansío llegar contando con la intercesión de sus oraciones.
Catalina
11 de enero de
2004
Día del Bautismo del Señor