Del Sinaí al Calvario

 

 

 

 

 

 

 

Reflexiones sobre las últimas palabras de Jesús

 

 

Testimonio de Catalina


 

 

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Propiedad registrada © 2004, La Gran Cruzada del Amor y Misericordia. Todo derecho reservado.  Este libro se publica en coordinación con El Apostolado de la Nueva Evangelización (ANE).

 

Permiso es otorgado para reproducir este libro en su totalidad, sin haber sufrido cambios o adiciones, y siempre y cuando la reproducción y distribución sean hechas únicamente sin fines de lucro.

 

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La Gran Cruzada del Amor y Misericordia.

(The Great Crusade of Love and Mercy)

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www.loveandmercy.org

 

 

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Si Jesús le habló  a tu corazón mientras leías esta libro, por favor comparte estas palabras, sacando fotocopias de este documento para difundirlo a personas que al leerlo pienses que vayan a ser bendecidas.  Por favor, permite que el Espíritu Santo te guíe en la evangelización, de acuerdo con los dones que El te ha dado.

 

 

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INDICE

 

Imprimátur

 

Presentación

 

Prólogo

 

Dedicatoria

 

Introducción

 

Primera Palabra:  Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…”

 

Segunda Palabra: “En verdad te aseguro que hoy mismo estarás Conmigo en el Paraíso”

 

Tercera Palabra:  Mujer, ahí tienes a tu hijo… Hijo, ahí tienes a tu Madre…”

 

Cuarta Palabra: “Tengo Sed…”

 

Quinta Palabra: “Señor, Señor… ¿Por qué Me Has abandonado…?”

 

Sexta Palabra: “¡Todo está consumado…!”

 

Séptima Palabra: “Padre… ¡En Tus manos encomiendo Mi Espíritu…!”

 

Palabras finales de Catalina

 

Nota de los editores

 

Citas bíblicas referidas a Jesús

 

Libros de “La Gran Cruzada”

 

 

 

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PRESENTACIÓN

 

Todos los escritores sagrados y místicos, que han deseado ardientemente penetrar en el corazón, la mente y el alma de sus lectores, ofreciendo un verdadero alimento que reconforte el espíritu, han acudido primeramente a Dios, para pedirle las luces necesarias y sus divinas inspiraciones, a fin de poder iluminar con la luz de la fe, las inteligencias y las voluntades de quienes desean recibir con humildad estos saludables mensajes, que han sido escritos bajo la inspiración de Dios y que revelan su santísima voluntad, para el bien y provecho de la humanidad.

El presente Libro, escrito por Catalina, tiene la característica de los textos de aquellos quienes, viviendo la intimidad con Dios, no han dudado bajo ninguna circunstancia en internarse en las profundidades del Ser Divino, para constituirse en transmisores de las inspiraciones que a Él le place concederles.

El Evangelio es la fuente de donde nace la fe y nos lleva al conocimiento profundo de la Persona de Jesucristo, que con su vida, pasión, muerte y resurrección, consiguió la Redención del género humano.

En el Evangelio se recapitula toda la infinita grandeza de Dios Trino, manifestada en la Persona de Cristo.  El Evangelio, como sabemos los creyentes, es la fuente de donde se extraen todas las infalibles enseñanzas de la Iglesia.  De este Libro Sagrado, que es la Palabra de Dios, han brotado innumerables escritos, tendientes a fomentar la fe y hacer que la vida cristiana esté en conformidad con la voluntad Divina.

Dios ha suscitado y escogido a algunas personas, para que sean sus mensajeros y testigos de la única Verdad, y ha querido confiar a ellos algunas riquezas del depósito de la fe.

Los cristianos conocemos el Evangelio; sin embargo, no todos lo viven ni lo comprenden en toda su dimensión y por eso es necesario ir recorriéndolo, paso a paso, para comprenderlo mejor y hacerlo norma de nuestra vida.  ¡Cuántas veces hemos leído sobre la Pasión de Cristo...! ¡Cuántas de ellas han pasado como una simple lectura de historia o de novela, sin haber impactado en nuestra vida!

En este Libro de Catalina, verdaderamente inspirado por el Señor, encontramos una profunda reflexión sobre la Pasión de Cristo, especialmente sobre aquellas Siete Palabras que Jesús, agonizante en la Cruz, exclama para llamar a la conversión al género humano.

El eco de ese clamor Divino se extiende a todo el mundo, y seguirá resonando a través del tiempo y del espacio, aunque una inmensa mayoría de la humanidad tape sus oídos para no escuchar.

Catalina, cumpliendo con el sagrado deber de ser “pregonera de Cristo”, quiere llevar esas palabras sagradas del Señor a todos los lugares, a todos los ambientes, a todos los hombres y mujeres del mundo, para que comprendan que lo único necesario en la vida es la amistad con Dios.

Catalina ha sido llamada por esa voz de Jesucristo, e inspirada por Él quiere hacernos vivir su experiencia de Dios, quiere introducirnos al Misterio de nuestra Redención, llevándonos a aquellos solemnes y dolorosos momentos de la Pasión de Jesucristo.

Esas escenas y sus interpretaciones, están descritas en una forma vivencial y como arrancadas de lo profundo de su ser, para que aquellos que las lean, sientan de veras la presencia de Cristo, su llamado a la conversión y la fuerza del mandato a sus elegidos, para que sean los portavoces del Redentor en un mundo tan tristemente secularizado, tal como los editores lo apuntan en el prólogo de este libro:

“Observando este mundo, nos damos cuenta de que necesita un freno -como dice el Papa Juan Pablo II- necesita una nueva evangelización que haga resplandecer con renovadas fuerzas la presencia de Dios, que reoriente al mundo hacia Cristo, nuestra esperanza; hacia su misericordia; invitando a todos para que vuelvan a mirar la Cruz, para poder calmar la tormenta que el enemigo común ha desatado sobre el mundo y para enderezar los caminos de los hombres.”

Cada frase de las Siete Palabras, tiene un contenido profundo que me lleva a recomendar el leerlo con detenimiento, pensando que estamos al lado del Señor, para sentir en nuestra vida el amor Divino de Jesucristo que, en el momento supremo de su vida, tenía la mirada puesta en nosotros.

Es posible que algunos quieran calificar este libro como “un escrito pietista”.  No es eso. Este texto, además de no contener ningún error dogmático, nos lleva a la presencia de Cristo para unirnos a todos en la fe, en el amor y en la esperanza de una vida perfecta en Dios.

 

Mons. René Fernández A.

ARZOBISPO EMÉRITO DE COCHABAMBA

 

 

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PRÓLOGO

 

Quien se sumerge en el Misterio de la Pasión del Señor, no puede evitar los sentimientos de dolor y compasión, por los terribles tratos que los hombres dieron a su Salvador.

Como hombre, Jesús experimentó los peores dolores que pueda soportar un ser humano: ultrajes, golpes, ofensas, heridas en todo su cuerpo... Fue tratado como si hubiera sido un asesino, un enemigo de la humanidad.

Con expresiones muy impactantes, los evangelistas nos describen las circunstancias que acompañaron a Jesús en aquellos momentos fatales.  Seguramente estos textos pasaron en reiteradas ocasiones bajo nuestros ojos, pero muchas veces en forma tan fugaz que no hemos podido penetrar en el mensaje profundo que contiene aquella realidad histórica.

El presente libro narra y describe algunos de los acontecimientos más relevantes de nuestra Redención.  Durante dos meses, por varias horas diarias, Jesús invita a Catalina –la autora de estas páginas- a vivir, a contemplar sus últimos momentos en la cruz, y al mismo tiempo a meditar sobre sus últimas palabras.

Aquellas “últimas palabras”, que jamás perderán su fuerza, adquieren un significado particular a la luz de los acontecimientos que vive el hombre de hoy, empañado de materialismo, de violencia, de pérdida de sentido; enceguecido por su soberbia, al punto de atribuirse el derecho de manipular la vida, de sofocarla, de decidir sobre el destino de los demás…

Sin duda, vivimos en un mundo marcado por la cultura de la rivalidad y de la muerte, que promueve el hedonismo en sus expresiones más aberrantes, mientras se formulan leyes cada vez más alejadas de la fe, de los verdaderos valores.  Es como si en todo lo que el hombre hace, procurara excluir en forma sistemática y obstinada a su Creador, al grado que para muchos, hablar de Dios en la cultura de hoy, resulta un anacronismo, un atropello a la razón.

Mientras tanto, quienes creemos, estamos conscientes de que hay un gran debilitamiento en la práctica de nuestra fe, de nuestra capacidad y disposición para orar; de nuestro compromiso con Dios.  La ausencia de razones para sostener la fe nos viene conduciendo a la pereza espiritual, a la pérdida del celo por las cosas del Señor, a la confusión y a las más diversas maneras en que se manifiesta el mal.

Observando este mundo, nos damos cuenta de que necesita un freno; necesita -como dice Juan Pablo II- una nueva evangelización, que haga resplandecer con renovadas fuerzas la presencia de Dios, que reoriente al mundo hacia Cristo, nuestra Esperanza; hacia su Misericordia; invitando a todos para que vuelvan a mirar la Cruz, para poder calmar la tormenta que el enemigo común ha desatado sobre el mundo, y para enderezar los caminos de los hombres.

Estas páginas son una invitación especial para ti, hermano sacerdote, hermano consagrado, hermano laico -que estás involucrado en la efervescencia de la actividad y del pensamiento humano- un llamado para que redescubras el significado del trabajo por los intereses de Cristo.

Hemos olvidado el valor de la cruz, del sufrimiento, de la penitencia; por esto no estamos respondiendo como debiéramos al mandato recibido, que es el de ir por todo el mundo y predicar la Buena Nueva del Evangelio.

Cuando Jesús le habla a Catalina refiriéndose a los consagrados le dice: “Di a las almas consagradas que la cruz que llevan no es solamente para que adorne su pecho […] deben revestirse de ella, deben aprender a ‘acomodarse’ en ella en lugar de huir de ella […] no pueden ambicionar el Tabor sin antes pasar por el Gólgota [...] En la cruz es donde se aprende la caridad, la humildad, la pobreza de espíritu, la templanza…”

Pero resulta que, con la mentalidad de hoy, todo lo referido a la cruz, al sufrimiento, a la renuncia, nos parece obsoleto; huimos de todo aquello que implica penitencia o mortificación, no le vemos sentido...

Sin embargo, las palabras de Cristo en el Evangelio “¡Si quieres seguirme toma tu cruz y sígueme!” no han perdido vigencia.  Si de veras estamos dispuestos a configurar nuestra vida a la Suya, entonces veremos que son muchas las vestiduras mundanas de las que tendremos que despojarnos y liberarnos.

Cristo sigue sufriendo en los miembros de su Cuerpo místico, sufre en el anciano abandonado, en el pobre, en el enfermo, en el encarcelado, en el hambriento, en el huérfano… ¿Será que podemos aliviar este dolor?  Tomar conciencia de ello es comenzar a curar las llagas y las heridas mismas de Cristo.

La actitud pasiva es propia de aquel que está siendo domado por el enemigo.  El enemigo común no molesta a quienes ya tiene sujetados, éstos de hecho niegan su existencia, niegan el infierno, creen estar libres de las tentaciones porque ya todo les parece normal; han perdido la conciencia del pecado y por ello no necesitan evangelizar; están convencidos de que su vocación consiste, en el mejor de los casos, en amar a su prójimo como a ellos mismos, pero olvidándose de cultivar su relación personal con Dios a través de la Cruz.

Ha llegado el momento de abrir los ojos a esta realidad terrible que está diezmando a nuestra Iglesia. La falta de convicciones, la ausencia de un compromiso serio, la falta de oración, son síntomas que muestran claramente que nuestro enemigo no está dormido, sino que obra incesantemente para arrebatar almas y arrancarnos de nuestros deberes.  Este texto es un grito desesperado de Jesús a la Iglesia y a la humanidad, para que todos reconozcamos nuestra necesidad de vivir una verdadera y profunda conversión.

 

Los editores

 

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D E D I C A T O R I A:

 

A Su Santidad, Juan Pablo II,

 

Con profundo respeto, gratitud, cariño y admiración... Por enseñar heroicamente al Pueblo de Dios a llevar su Cruz con amor cada día.

 

A:

 

Su Eminencia Rev. Antonio María Cardenal Javierre Ortas Prefecto Emérito de la

Congregación para el Culto Divino y de la Disciplina de los Sacramentos.

 

Su Excelencia Rev. Mons. José Oscar Barahona Castillo

Obispo de San Vicente

El Salvador, CA.

 

Su Excelencia Rev. Mons. René Fernández Apaza

Arzobispo Emérito de Cochabamba

 

Su Excelencia Rev. Mons. Abel Costas Montaño

Obispo Emérito de Tarija

 

Su Excelencia Rev. Mons. Manuel Revollo Crespo

Obispo Emérito Castrense

 

Con inmensa gratitud por su gran calidad humana, su sabiduría, su sencillez, y su admirable vocación de Pastores y guías.

 

Rvdo. Padre Dr. Miguel Manzanera y García SJ.

Director del ANE- PROVIDA, Capítulo Bolívia

 

Rvdo. Padre Lic. Renzo Sessolo Chies SDB

Director Gral. Del Apostolado de la Nueva Evangelización ANE

 

Con especial cariño y respeto por su extraordinaria paciencia para guiarme en este difícil camino.

 

A la memoria de:

 

Su Eminencia Rev. Augusto Cardenal Vargas Alzamora

Arzobispo Primado de Perú

 

S. E. Mons. Nino Marzoli

Obispo Auxiliar de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

 

A los Obispos, sacerdotes y a todas aquellas almas consagradas, hombres y mujeres, que en algún momento tuvieron una palabra de aliento para esta pobre pecadora.

 

Pidiendo al Señor los premie a todos abundantemente en el Cielo, donde, ansío llegar contando con la intercesión de sus oraciones.

 

 

Catalina

11 de enero de 2004

Día del Bautismo del Señor