Parte 2
LA GRAN CRUZADA DE LA
MISERICORDIA
4 de marzo de 1997 Jesús
CM 23: ÁMAME SOBRE TODO
Mi dulce hijita, ¿extrañabas Mi voz? Es así, Me gusta dejarme buscar y encontrar por ti. Debes saber que Yo moldeo a Mis elegidos, muestras vivientes de Mi amor, sin importar cuán impuros sean, cuán imperfectos se muestren; este es el modo en que Mis hijos pueden asegurarse de Mi enseñanza. Quiero decir que si fueras una persona sabia en teología o muy enterada de Mi vida y enseñanzas, no sería posible persuadir a Mis hijos. Pero Yo te elegí a ti, mujer común y corriente, pecadora como cualquiera; caprichosa como pocas, arrogante, orgullosa....Así quise tomarte y hacer en ti Mi mayor obra contemporánea de Misericordia y amor para el mundo, para que al sacarte de la oscuridad a la luz de Mi Reino, aumente la esperanza de Mis hijos...
Quiero que sepas que quienes dejan de lado sus egoísmos, pueden obtener amor propio... Hablo del verdadero amor propio. Quiero decir, un amor propio para amar verdaderamente, un amor propio que solamente se enfoca en Dios. Un amor propio que se niega a sí mismo y tan sólo quiere obtener aquello que Yo quiero. El amor propio que Yo inculco es amarme sobre todo, por arriba de sus deseos, ser paciente, soportar.
Son felices aquellos que se regocijan en Mí cuando todo marcha bien, pero no se alegran voluntariamente cuando llegan los sufrimientos. Desean seguirme únicamente cuando todo parece bien, pero no pueden seguirme cargados de una cruz. Y quiero que sepan que los verdaderos seguidores Míos, Me aman tan incondicionalmente que solamente anhelan los frutos de Mi viña, maduros o por madurar. Es decir, sean tiempos buenos o malos.
Quiero aclararte algo; yo doy la paz que el mundo no conoce; aquellos que abrumados se abandonan completamente hacia Mí, viven en Mi paz. Una paz de unión. Como cuando tienen una comida juntos, partiendo el pan, caminando hacia adelante y no dándole vueltas al pasado.
A este amor propio Yo aliento, cuando especialmente en los tiempos malos, esa unidad del amante y el pecador es transfigurada en unidad de amante a amante. Entonces, la cruz viene a ser el enlace entre el Norte y el Sur, el Este y el Oeste....Las pruebas del seguidor mediante la cruz, vienen a ser la dulzura, la fructífera consumación de la unión total. Esto es cuando un alma es purificada para ser vista digna ante los ojos de Dios, para amar como Yo amo, para ser Misericordioso así como Yo Soy Misericordia.
Tomen su decisión, su compromiso final y su confusión se disipará. Luego todos los obstáculos llegarán a ser las puertas, su deseo será únicamente el Mío y el amor propio podrá comenzar a guiarlos a la unión de la consumación de Mi amor.
No sospechas cuánto te amo, querida niña. Es por eso que te disciplino, para enseñarte....Si no te amara tanto, no te partiría para darte a los demás, Yo no hubiese sido partido en humilde resignación para salvarte.
Ahora pasando a la clase de Biblia, Ni se imaginan cuán bueno es estudien todo esto, que puedan nutrirse de Mi Palabra. Necesitan tiempo para ser amados por Mi Padre a través Mío. Es preciso que lean, mediten y vivan La Palabra en el poder del Espíritu Santo. Necesitan tener su oración personal como les enseñé Yo mismo. Lean Mt 6,6. Es preciso que sean amados por Mí en el silencio de su corazón porque su corazón y su alma tienen sed de Mí, lo dije hace pocos días...
Mira, hijita, los novios suelen encontrarse para intercambiar entre sí su amor humano. Ustedes necesitan enamorar a Dios a través Mío. Como los enamorados, necesitan gastar tiempo uno para el otro. La persona que es amada por Dios, no sufre soledad, la persona que es amada por Mí, tiene el sentido de la vida y -escucha bien- nadie vive solo cuando tiene a Dios en el corazón. Mi amor tiene el poder de suplir todas las necesidades de sus almas.
Antes les hablé de la disciplina. No se acuesten por la noche sin haber tenido durante el día un tiempo de oración y de lectura de Mi Palabra. Tienen un horario para trabajar, para comer, para tantas cosas. Es necesario también tener disciplina en su vida de oración, para leer las Sagradas Escrituras, para reflexionar en todos los Mensajes que les voy dando. Así Mi amor se irá estableciendo en sus corazones día a día y serán transformados por este amor poderoso. Del mismo modo también perdonarán y amarán más a sus hermanos. Pedir amor a quien no tiene amor para dar es imposible: el hombre únicamente puede amar en la medida en que primero se sienta amado por Dios.
Lean el Sal 61,6 Aquí está la solución para todos. Si quieren ser felices, si quieren vivir la paz, ser alegres, si quieren tener vida, no una vida cualquiera, sino vida en plenitud, vida de hijos de Dios Padre, busquen, experimenten cada día, cada hora Mi amor, porque así tendrán todo aquello que desean en su vida y podrán también difundirlo entre sus hermanos tan carentes de amor, todo el amor que Yo estaré derramando en sus corazones.
Hoy les pido, dejen que Yo los ame, a través de la lectura de las Sagradas Escrituras, de la Eucaristía, de la oración personal y silenciosa.
Para aquella hija que tiene tanto sufrimiento, para todos ustedes que no saben orar, pequeña Mía, escribe unas oraciones, tú sabes cómo hacerlo
Oración: Padre Dios, Padre santo, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de amor, Padre creador, te amo, te alabo, te adoro, creo firmemente en Tu amor, creo en Tu poder creador, creo en Tu perdón porque lo he experimentado, creo que Tú eres un Dios lleno de compasión y lleno de Misericordia para con nosotros. Padre, creo que Tú nos amaste tanto que nos diste a Jesús, Tu Hijo unigénito como nuestro único y suficiente salvador....¡Oh, Padre!, hoy movida por Tu Palabra, quiero estar en Tus manos, quiero entregarme totalmente, incondicionalmente a Ti y a Tu amor.
Amado Jesús, Toca mi corazón, lléname de Tu presencia, con Tu amor, con Tu poder. Únenos en una sola fe, en un solo bautismo, en un solo espíritu para que podamos adorarte. Tú eres el amor del Padre para con nosotros, te agradezco, Señor por Tu SI al Padre, por Tu obediencia, por ser nuestro intercesor delante del Padre. Jesús, unida a Tu Corazón quiero abrirme totalmente a Tu amor, a Tu Espíritu, para poder Contigo, en Ti y por Ti, adorar a nuestro Padre eterno. Solamente a través Tuyo puedo sentir, experimentar y probar este amor que salva, cura y libera.
Te amo, Jesús, te agradezco y quiero decir SI a este amor tan grande. Quiero abrir mi corazón en un acto de fe, un acto de mucha confianza, un acto de mucha entrega y quiero acogerte en mi vida. Señor, puede ser que Tú encuentres mi corazón en mal estado, tal vez con pecados, sin alegría, sin mucha esperanza, lleno de amargura, lleno de dolor y angustia, pero Tu Palabra me ha llenado de esperanza y de fe. Sé que solamente Tú puedes expulsar de mí todo este vacío de vida, de angustia, todo este estado de búsqueda.
Tú eres la vida y yo te acojo en mí, te recibo como a mi salvador. Ten Misericordia de mí, ven a mi corazón y lávame en Tu sangre preciosa, perdona mis pecados. Ten Misericordia de los tiempos en que andaba en la ignorancia de Tus leyes, de Tu Palabra, de Tu amor. Ten compasión de todo el odio que encuentres en mi corazón, ten compasión de tanta amargura, de tanto rencor, de tantas ideas tontas, de tanto deseo de venganza. Jesús, ten Misericordia, mira los lugares de mi ser que están sometidos al mal...A veces no logro vencer las tentaciones, ten Misericordia de mí y por el poder de Tu nombre y de Tu sangre, líbrame. Tú sabes que mi confianza y mi esperanza están en Ti. Todo aquel que deposita lo suyo en Ti es una nueva criatura que no puede ya estar bajo el dominio de Satanás, bajo el dominio del pecado, sino bajo Tu gracia.
Señor, dame la gracia de ser inundada con Tu Espíritu, de ser lavada. Que esta fuente de agua viva brote en mi corazón y me arrastre hacia la vida eterna, limpiándome, purificándome, vivificándome, curándome, salvándome.
Espíritu Santo de Dios, amor del Padre y del hijo, ven a mi corazón. Tú, que eres la luz divina, expulsa las tinieblas que existen dentro de mí, quema toda maldad que encuentres. Ven Espíritu de amor, yo te pido en el nombre de Jesús que hagas de mí una criatura nueva, ven Señor y cura mi corazón. Te lo entrego todo, mis sufrimientos, mis dolores, mis pecados, toda rebeldía que pueda existir dentro mío, te entrego todo apego a las cosas materiales, toda falta de conciencia de pecado, te entrego lo que soy lo que tengo y lo que puedo.
Espíritu de Amor, dame el don de la oración, dame el entendimiento de Tu Palabra, revélame la presencia de Jesús en la Eucaristía, intégrame en Tu Iglesia, dame el gusto por la vida espiritual. Te lo pido con mi madre, la Virgen María, quien camina conmigo e intercede por mí y en nombre de mi amado: Jesús.
15 de marzo de 1997 Jesús
CM 24: ÚNANSE A MI CORAZÓN EUCARÍSTICO
(En un retiro en Santa Cruz)
Amor de Mi Pasión, mañana hablarás de la Comunión y quiero que digas a Mis hijos que en este encuentro, les pido que se unan a Mi Corazón Eucarístico, durante la Santa Misa de cada día; que acojan las infinitas riquezas que allí les otorga Mi Corazón, para aplicarlas en favor de toda la humanidad.
Que durante el día, renueven esta intención mediante la unión a Mi Sacrificio perpetuo. Que Me ofrezcan al Padre, que ofrezcan el amor y la paciencia de Mi Corazón Eucarístico. Con la ofrenda de Mi Corazón, suplen infinitamente todos los ultrajes que Mi Padre y Yo recibimos; suplen la falta de amor de muchas almas, aún de almas consagradas.
Hijos Míos piensen, compruébenlo ¿por qué estoy juntando a Mi rebaño y ansío unir a estas ciudades para que se extienda su influencia al resto de su Patria?
Esta ciudad será salvada mediante la adoración a la Santa Cruz. Allí empezó su redención. En Cochabamba se adorará Mi Corazón Eucarístico y todo esto será encaminado por un grupo que trabajará por La Paz... Piénsenlo, no hay casualidades en los planes del Cielo.
Ahora, Pequeños, Mi Corazón se gozaría si se esforzasen por recibir la comunión con el fervor que deseo. No les pido mucho: Tan sólo que los pensamientos, las acciones, los sacrificios, se orienten hacia el gran momento de la Comunión para obtener todas las gracias que Mi Corazón desea darles en ese encuentro con el Amor...
18 de marzo de 1997 Jesús
CM 25: EL QUE HA RECIBIDO MI PERDÓN, OLVIDE SU PECADO
Hija amada, ya estamos nuevamente en nuestra casita. Verdaderamente, ha sido una jornada que dará muchos frutos en su momento. Se han sembrado pocas semillas pero muy profundas y la tierra en esas almas está fértil y hambrienta.
Estos hijos Míos han abierto una vez más sus manos y esa generosidad Yo sabré recompensarla. Cuando lleguen, les dirás que Yo derramaré abundantes gracias, bendigo con la misma generosidad ese hogar que Me da mucho contento.
Por favor, di a Mi hija que Yo He olvidado el ayer, ¿por qué se empeña en recordármelo? Si no son capaces de perdonarse a sí mismos, difícilmente podrán perdonar a los demás... No quiero que vuelva a sumergirse en los recuerdos, eso no es Mío. Lo Mío es un sincero arrepentimiento, sí, pero no enfermizo con respecto a pecados ya confesados y perdonados. ¿Por qué dudan de Mi Misericordia?
Ahora que hay tanta pobreza y necesidad de alimentos corporales y espirituales, no derrochen sin justificativo lo que generosamente se les da...
El Apostolado de la Nueva Alianza necesita de guías que ejemplaricen con sus actitudes, con su vida modesta y sincera; tan límpida que Me muestre en cada uno de ustedes.
Hija amada, cuídense, no todos tienen la misma forma de pensar y quienes se aman demasiado, aunque lo proclamen, no tienen espacio ni capacidad para amarme.
Dejen los comentarios, sean más Jesús en todo momento. Aun con todo el tiempo que requeriré de ustedes, primero están sus obligaciones familiares, no descuiden sus responsabilidades. Ámenme en sus seres queridos, en sus amigos y vecinos; ámenme en el necesitado...
25 de marzo de 1997
(En el día de la Anunciación)Jesús
CM 26: DIOS ES INTRODUCIDO EN LA HUMANIDAD A TRAVÉS DE MARÍA
Quiero volver a hablarles de Mi Madre... Bajo la guía materna todo hijo puede llegar a crecer fuerte, vigoroso, si ha tenido vitalidad sana la madre en el momento de la concepción.
Nací de una Virgen Purísima y bajo todo aspecto sana y Santa. Tomé Su vigor físico y una vitalidad que debía representar a todos los hombres.
Todo lo debo a Mi Madre que lo fue sólo por virtud divina. Quien niega la Virginidad de María, Mi Madre, está equivocado puesto que considera imposible una creación sin concurso paterno. Sin embargo, aquel que niega la Virginidad de Mi Madre, intente añadir un puñado de tierra al globo terrestre, intente añadir una lengua de fuego al sol que lo ilumina. ¿Qué habrá logrado? Tomar un poco de tierra de un lado y ponerlo en otro; dar al sol una llama que anteriormente donó el sol... ¿Entonces?
Sucede que el hombre no haría nada de nuevo, porque se serviría de las cosas que a él le dieron. Por tanto, no crearía nada, porque tomaría de aquí y de allá y únicamente cambiaría de puesto las cosas, pero nada añadiría, nada crearía.
Y Yo que Soy el Creador, ¿podría suprimir por una vez la ley que He dado y que mantengo? Quise, pude y lo hice porque así convenía. He dado eficacia divina y He puesto cambio en las leyes humanas para formar la humanidad especialísima que no habría tenido nada que no sea relacionado directamente con la Divinidad. ¿A quién ha fastidiado la Virginidad de Mi Madre?
He querido anteponer esta afirmación de la Virginidad de María a pasajes de Mi vida, porque todo hijo digno defiende a su madre de los ataques que le hacen los que no la comprenden y todo hijo bueno siente que debe mucho de sí a su madre. Defiendo a Mi Madre con el poder que He tenido en el Cielo y en la tierra y no tardo en abatir a quienes la ofenden. Abatir con la gracia o con la justicia.
Mi Madre, ¡Qué bella era, en Su esplendor virginal, cuando Me llevaba en su seno, nutriéndome con Su sangre! ¡Cuán delicada cuando ocultamente adoraba y se humillaba sabiendo que tenía en Sí misma a Su Creador.
Hablaba Conmigo íntimamente, Me sujetaba a Sí, mientras Yo dependía de Ella; Me nutría mientras Yo nutría Su alma. Ella Me gobernaba a Mí, que gobierno el universo y desde entonces, todas las cosas que le He dado, han pasado a Sus manos como Su propiedad.
Ustedes saben, hijos Míos, que entre todos fue colocada a Mi diestra. Sin embargo, ¿quién creería que cuando Yo crecía en Ella le fueron reservadas ásperas críticas y amargas perversidades?
El mundo es lo que es y la Madre de Dios era incomprendida. Yo no callaba si alguno se permitía ofenderla; a cada palabra irrespetuosa, Mi alabanza prorrumpía cálida, afectuosa, clara, de Mi pequeño Corazón, entonces en formación.
Comenzó Mi vida oculta en la relación filial que mediaba entre ambos; porque si vine por todos ustedes, oh hombres, más todavía vine por María, a quien amo por encima de toda criatura. Debía ocuparme de ustedes, pero antes de Mi Madre. Ciertamente por diferentes motivos, pero siempre con la predilección que He tenido por Ella.
¡Cuánto quisieran saber ustedes acerca del tiempo que pasé en Su seno como un cuerpito que se formaba, especialmente en las relaciones con la Divinidad de Mi Padre y la Maternidad de Ella... Yo mismo: verbo hecho Hombre les contaré algunas.
Gabriel trajo a María el anuncio que saben. Ella aceptó y por eso inmediatamente tomé forma en Su seno virginal. El primer movimiento de vida que tuve, en cuanto hombre, fue en el instante en el que Ella dijo"fiat".
Pequeños Míos, contemplen la grandeza inigualable de Mi Madre. Criatura frágil en sí misma, pobre e impotente: Pronuncia una palabra, expresa Su voluntad y con Su "fíat", Me trae al mundo a Mí, el Cristo esperado, el Hijo del Padre, hecho criatura humana.
Mi Madre no creó con Su "fíat" pero Su voluntad unida a Mi Omnipotencia, lleva a cabo un acto creativo que es superior a la Creación del mundo y de cuanto en él se contiene.
Yo hice el sol, los astros, los cielos, la tierra, el agua, las plantas, pero todo esto perecerá en el caos final. María Ha sido llamada a participar en Mi acto creativo con el cual Me hice a Mí mismo Hombre. Acto de infinito poder, acto en el cual Mi Madre obró y quiso obrar a semejanza Mía, que creó de la nada.
Y así fue, María, Madre solitaria, Madre sin concurso de hombre, movida por Mí, quiso libremente que Yo naciese en Ella. Por eso Su acto es el más semejante a Mis actos, porque Yo creo siempre en Mí mismo, porque nada de lo que hago sale fuera de Mí. Así fue en María que tuvo la omnipotencia participada, que prestó, que donó Su humanidad a Mi Divinidad.
Heme aquí Hombre entre los hombres. Criatura entre las criaturas, Hijo entre los hijos de los hombres, pero permaneciendo Hijo Eterno del Padre: En un principio, cuerpo informe, luego gradualmente pequeño niño, hasta la completa manifestación de Hombre, en el cual se posaba toda la complacencia del Padre.
Entonces, era natural que, apenas tuve una palpitación de vida, todo lo refiriera a Aquel de quien descendí y al Cual debía el homenaje y el amor de Hijo consustancial a El. Por lo tanto, Mi primer acto humano, mientras todavía estaba oculto en el seno de María, fue de humildad, acto en el cual no estuve solo, sino unido a Mi Madre que, a partir de entonces, participó de manera inmediata en todos Mis actos.
Me sometí todo Yo al Padre y le di el completo dominio sobre Mí, hecho Hombre. En seguida le confirmé el amor que Nos unía en relación de la Divinidad común. El estuvo satisfecho por sí mismo y por los hombres, a quienes Yo representaba.
Hijos Míos, deben saber que este primer acto de sumisión y amor al Padre, fue también de reparación por la rebelión de Lucifer y sus secuaces y también por las rebeliones de ustedes, por lo cual en aquel instante, los espíritus rebeldes del infierno se retorcieron de rabia y furor, tratando inmediatamente de vengarse de Mi Madre. ¡Infames criaturas que solamente buscan venganza!
¿Puede el Dios del amor acceder a sus requerimientos? ¿Puede el Dios del perdón conceder al infierno la expresión rebelde de sus voluntades llenas de odio? No puede, apenas lo permite muy limitadamente en comparación con los desenfrenados deseos de los miserables condenados. Pero queda el hecho importante que un Hombre ha reparado las ofensas hechas por esos espíritus rebeldes y esto es gran escarnio para ellos.
Mi misión era, efectivamente, antes que redimir a los hombres, la de devolver el equilibrio en la creación universal. Equilibrio que había sido roto por Lucifer.
Pero Yo había descendido por el Padre, antes que por las criaturas y al Padre Me He encaminado todo Yo, sin perder de vista al hombre y al Ángel rebelde.
Así, al anuncio de Gabriel, el cielo pidió a una Mujer el asentimiento para obrar los fines preestablecidos, de modo que esta Mujer fue elevada al plano divino, y vino a ser parte necesaria, como querida por Mí, en el restablecimiento de todas las cosas que Yo mismo inicié encarándome en Ella.
Aquí está la razón por la cual María está presente en toda manifestación Mía que se relaciona con la Redención. Y si Yo He exaltado así a una Criatura Mía, aquel que se opone a Mi Querer de glorificación de Mi Madre, caerá miserablemente.
Solemnemente les digo que, quien desprecia a Mi Madre y se obstina en ofenderla, perecerá para siempre.
Por eso, Me alegraré siempre que alaben a la que Me hizo y seré pródigo con quienes la aman y la hacen amar.
Y ahora que les He hablado suficientemente de Mi Madre, de cuyo amor Yo gozo inmensamente, les explicaré el misterio de la sombra protectora del Espíritu Santo sobre Ella, misterio anunciado por Gabriel...
El Padre vive de Su propia vida y Su vida es el conocimiento y el Amor de Sí mismo. En esta vida Suya se encierra Su infinito bien, Su infinito gozo, el poder infinito que le es propio. Deseando participar Su vida, Su bien, el Padre crea, pero el acto está todo en Su Voluntad, es decir, en Su amor que es el Espíritu Santo.
Por todo esto, la protección de Su sombra significa el acto de Amor con el cual el mismo Espíritu Santo Ha obrado, directamente y sin concurso de hombre, Mi encarnación. De manera que el increado se hace creado en virtud de un acto de amor completa y exclusivamente divino, siendo esto conveniente a Mi misma divinidad y se realizó en una criatura que había hecho voto de perpetua virginidad, precisamente porque Mi Querer excluía cualquier intervención humana, aunque requerida en el último momento como simple consentimiento.
La intervención importante del Espíritu Santo en Mi Concepción, debía demostrar que el Hijo, hecho Hombre, es fruto esencialmente divino. Todo hijo es fruto de amor y también Yo Soy fruto del amor infinito de Mi Padre, brotado de la donación total de Mi Purísima Madre.
Esta Mi Humanidad, ahora gloriosa, ascendió a realeza de la paridad con Dios y se convirtió en espejo de la misma Divinidad, ya que el Padre ve en Mi Humanidad Su misma Paternidad; el Hijo, que asumió la Humanidad, ve en Sí mismo la filiación increada y la creada; el Espíritu, luego, goza infinitamente reflejándose en Mí como Hombre, en cuanto que se complace en el fruto de Su mismo amor.
En la Trinidad, Nosotros vivimos en Unidad y Nos reflejamos en Mi Humanidad sublimada en la triple relación con la Divinidad, por la cual el Trino se reencuentra en el único Hombre que fue concebido, nació, vivió, murió y resucitó para glorificar siempre a Mi Padre, la Luz y el Amor Mío...
Cuando hablo de Mi Madre el campo es inmenso, Mi afecto inconmensurable; pero si hablo de mi Padre, de Mí mismo, Verbo y del Amor infinito, entonces el campo de verdad es infinito y como el campo materno, para Mí, es indivisible del amor divino, por estar eternamente asociados el uno al otro; fácilmente pueden creer que en Mí, Hombre, se Ha obrado el más grande prodigio de amor; el amor infinito, unido, ligado a un amor de Hombre, sobrenatural y también humano, cuya intensidad supera el conocimiento de los más excelsos Serafines.
Todo esto He querido decirles para dar una idea de los sentimientos del pequeño que iba a nacer: Yo. Tal vez piensen muchas veces en Mí y en Mi Madre con ternura, sin alzar su mirada a la realeza, a la nobleza, a la divinidad de Mis sentimientos de Hombre y de los de María.
Verdaderamente es indecible todo lo que pasó en Mi Espíritu cuando vine al mundo; pero sobre los indicios de lo que hasta ahora les He dicho y con la luz que les daré, pueden formarse una idea sustancial de Mí y de Mi Madre, quien participaba y participa de modo directo e inmediato de todo lo que es Mío...
Y ahora, a ustedes, que han dejado todo por estar Conmigo, voy a relatarles algunos pensamientos que mediaron entre Mí y mi Padre. Estas fueron Mis primeras palabras de Hombre que le dije apenas creado: " Padre, Te adoro en la verdad, en la bondad, en el Amor, en esta Criatura que Me alberga. Padre, Te bendigo en la luz, en la caridad, en el mundo, sobre los espíritus rebeldes, por los espíritus que esperan. Padre, Te amo por Ti mismo, en Mí, en el Amor; por María, por los hombres, por los malos, por los que Me esperan en el Limbo, por los espíritus bienaventurados; en la luz, en el Amor eternamente.
Soy Tuyo y por siempre, nada nunca Te desagradará en Mí, como todo Me agradará en Ti. Quiero Mi actual ocultamiento para el conocimiento que deberán tener de Mí los hombres, especialmente en el Calvario. Oculto o conocido, amado o despreciado, siempre Te amaré: en la luz, en la paz, en el Espíritu..."
Hijos, estos Mis primeros pensamientos de Hombre constituyen el primer puente de unión tendido desde la humanidad perdida hacia la Divinidad ofendida, pero amante de todas las criaturas... Fui puesto en el mundo cuando el hombre creía igualarse a Dios, pero lo hice ocultamente, para reparar la soberbia y el desorden. Me hice carne para levantar los espíritus, Me abajé para exaltarlos.
Oh, hombres, oh jóvenes, ¿por qué se detienen, por qué no creen, por qué Me combaten? Los He hecho nobles, pero ustedes Me querrían deshonrar, Me querrían olvidar. Me He sometido a ustedes, de tantas maneras, para hacerme apreciar, para hacerme creer, para hacerles el bien que Yo sólo sé hacer. ¿Por qué entonces no se deciden? ¿Tal vez encontrarán otro Dios que los contente?... Son siglos que tratan de construirse un Dios y siempre se engañan, porque el único y verdadero Soy Yo. Yo, pequeño niño, escondido en el seno de una Virgen.
Si se unen a Mí, podrán elevarse en el Reino que más desean: el del Amor. Si les interesa la gloria, les digo que Yo Soy la esencia de la Gloria; si les interesa la riqueza, recuerden que Yo tengo todo y todo será de ustedes; si les interesa el saber, ¡oh!, entonces no olviden que Yo Soy la Sabiduría infinita y que ustedes podrán llegar a ser faros de luz, soles de belleza. Pero es el amor lo que los atrae; es el amor lo que los atormenta: vengan, entonces, vengan a este Dios Niño que los introduce en el infinito Amor.
Muchos siglos antes de Mi venida al mundo, otro niño, que Me simbolizaba, fue abandonado en las aguas del Nilo, que lo transportaron recostado en una canastilla: Moisés, el salvado de las aguas, era el enviado de Dios y llegaba solo entre gente desconocida. Así también llegué solo al mundo, entre gente que no Me conocía, para revelar en Mí la Divinidad y hacer apreciar Su bondad.
Los judíos hubieran querido que el liberador del Cielo, el prometido de Abraham, el hijo de David, fuese un caudillo humano. Estaban cegados por la materia y cambiaban el tiempo por la eternidad, la cual en nada se parece al tiempo, como las rudas cabezas de Mis coterráneos codiciaban.
Todo lo sabía y desde Mi concepción Me preparaba, como Hombre, a vencer la resistencia de los judíos. Por estos motivos, las primeras oraciones que dirigí al Padre fueron en pro del pueblo escogido.
Cuando tenía pocos meses de vida en el seno de Mi Madre, José fue elegido para custodio de María y Mío y fue entonces cuando la Virgen Madre se dirigió a la casa de Su esposo, quien ya estaba en conocimiento del origen divino de la Maternidad de su esposa. Este hecho, Me dio ocasión de hacer hablar a Mi Madre para elogiar a José. Escogido entre miles, José representaba la tradición judía entendida en el mejor sentido. Fue sencillo y fiel a Dios y ayudaba con alegría a Su esposa en una maravillosa entrega.
Yo mismo los guiaba invisiblemente por los senderos del Amor divino, en el cual debía sobresalir como estrella de primera magnitud. Fue un gran disgusto para él saber que Mi Madre estaba encinta antes del matrimonio, pero, ayudado por Mí, sobre la palabra del Ángel, creyó y pasó de la pena a la más inesperada alegría.
Ser padre antes de tiempo fue motivo de comentarios más o menos falaces, especialmente por la encantadora joven con la que se había desposado. Sepan, hijos Míos, que cada día José y María Me agradecían cordialmente el haber permitido las injustas críticas que se hacían contra Sus personas y de esto Yo gozaba inmensamente.
Una noche quise premiar Su amor por Mí. Hice que se apareciera en sueños a los dos, un chiquito, descalzo y andrajoso que golpeaba a la puerta de su pequeña casita. Fue a abrir María y Me preguntó de quién era hijo. Le respondí que Mi Padre estaba lejos y que Mi Madre no podía tenerme en su casa porque debía ir a buscar la más bella rosa del mundo y el más hermoso lirio. Les dije que no habíéndolos encontrado todavía, esperaba que los dos Me dieran alguna buena idea o consejo. Sonrieron los esposos y Me abrazaron, primero María, después José, pero Yo rápidamente salí de la casa dejándolos asombrados. Al despertar por la mañana, notaron un perfume intenso de rosas y de lirios. Se contaron recíprocamente el sueño que habían tenido.
De esta y otras muchas maneras, unía cada vez más Sus espíritus, hasta formar de los dos un sólo amor, todo orientado a Mí.
En aquel tiempo de Mi total ocultamiento, quise actuar también en otros corazones y preparar el tiempo de Mi venida al mundo. Igual que el botón de rosa que antes de abrirse a los rayos del sol ya contiene en sí todo su perfume, Mi Humanidad estaba casi lista a difundir entre los hombres el perfume celestial de la vida divina; pero como la rosa extrae de la tierra los humores que necesita, así Yo obtenía de Mi Padre la fuerza y la vida que Me harían único entre los hombres. Por tanto Mi pequeño ocultamiento en María no fue una espera inútil para Mi Espíritu.
Faltando ya poco tiempo para Mi nacimiento, dije al Padre: "Naceré como Hombre para alegría Tuya, a fin de que se cumpla Tu Querer. Apareceré pequeño para que aparezca grande Tu Nombre que Yo debo santificar en el mundo. Daré a los hombres el poder de hacer de Mí lo que quieran; pero Tú, Padre, haz que venga a ellos Tu Reino. Ellos harán su voluntad, mientras Yo haré la Tuya, como en el Cielo.
Da a José y a María el pan de cada día por Mi amor y perdona a los que los escarnecen. Soy Hombre y deberé combatir con Tu enemigo: desde ahora Te Estoy agradecido por el poder que Me Has dado sobre él. Padre, en el mundo encontraré miserias; las miserias por las cuales Me Has enviado. Como Dios las venceré, como Hombre las soportaré, como Dios y Hombre las curaré. Desde ahora Te ruego por los que Me han de seguir. Sean salvados y Yo los salvaré. Te bendigo, oh, Padre, siempre Te bendeciré: en la luz en la vida, eternamente..."
Cierto pero incomprensible es el misterio de Mi nacimiento. A todos los fieles que viven verdaderamente de Mí, les doy gran afecto en Mi Nacimiento, porque siendo el inicio de la Redención de muchos -ojalá y fuera de todos- es necesario que se le de muchísima importancia.
Aún voy a aclararles más sobre este misterio de cómo Yo pude haberme unido a una humanidad que, niña o adulta, es siempre una criatura Mía, es decir algo más que nada.
El misterio, entonces, es la unión personal Mía, como Verbo eterno, con la Humanidad que asumí. Los Teólogos lo llaman unión hipostática, es decir, la unión de dos naturalezas en una sola persona.
Les voy a dar un ejemplo más sencillo. Los expertos agricultores y jardineros hacen injertos, ¿verdad?. Pues bien, el injerto es la unión de dos criaturas, con el fin de que se produzca una nueva criatura que tenga algunas propiedades en común con la primera y la segunda, de modo que la primera recibe un vida extraña a ella. Pero inclusive el injerto no es suficiente demostración de la unión hipostática, porque en el injerto material se trata de dos criaturas, mientras que en Mí, Dios y Hombre, se trata de una sola criatura y de su Creador. Además de esto, la Humanidad que Yo asumí, de por sí, no habría tenido ninguna necesidad de unión alguna sino de la natural Conmigo mismo, Creador, en cuanto que la Humanidad Mía es perfecta aun sin la unión con el Verbo, perfecta en el Espíritu, perfecta en el Cuerpo.
Voy a darles otro ejemplo que sirva para aclarar sus oscuridades acerca de Mi unión hipostática.
En el Cielo que está encima de ustedes, existen cuerpos que circulan atraídos por uno u otro planeta. Cuando la atracción se hace inminente e irresistible, el cuerpo que vaga en el espacio va a unirse con el planeta que lo atrae y así vienen a ser un solo cuerpo, con un sólo movimiento, una sola vida, considerando que la vitalidad del asteroide queda absorbida en la del planeta que lo atrajo. También Yo He unido Mi Cuerpo a Mi Divinidad y He insertado el primero en la vida y en el movimiento que Me son propios como Creador y Glorificador, aunque permaneciendo completamente Hombre.
Considerando además, las inmensas fuerzas, que He puesto en el centro de su planeta, encontrarán otra cosa apta para esclarecerlos. Ya saben que en el centro de la tierra hay fuego, agua y minerales. Encima, en la costra terrestre, en cambio, tienen otras criaturas que no podrían vivir en otro lugar.
Pues bien, sabiendo que ya sea en el subsuelo, ya sobre la costra terrestre, la vida de cada criatura procede simultáneamente, pueden fácilmente pensar, cómo Yo, tomando su humanidad, He hecho algo invisible, inconcebible pero real, como el fuego eterno de la tierra, el cual arde incesantemente y al mismo tiempo, por ejemplo, que los glaciares que existen sean bajo la tierra o sobre ella. Dos criaturas opuestas, fuego y hielo, viven cada una su propia vida, pero ambas en un sólo organismo: la tierra. Y no piensen que sus vidas están del todo separadas porque el hielo existe en cuanto existía, al principio; el fuego es sólo fuego.
Es claro que el fuego interno de la tierra no alimenta la vida del hielo, pero el hecho es que, si no existía antes el fuego, ahora no existiría el hielo y por tanto, el agua. Por eso el agua depende del fuego y esto es la vida de todo el universo creado.
En Mí, Dios y Hombre al mismo tiempo, está el fuego y el hielo, está el Creador y la criatura, pero ésta vive en virtud del principio creador y está informada de la misma vida de Mi Ser, de modo que Mi Humanidad en la tierra fue un velo movido continuamente por la presencia de Mi Divinidad.
Hice al hombre a Mi imagen y semejanza y He hecho un Hombre que no es sólo imagen, sino que es Yo mismo. Por eso obro en Mi Humanidad con la Omnipotencia, la perfección y la bondad que Me son propias en cuanto a Dios.
Si quienes ponen en duda la Virginidad de Mi Madre pudiesen poner la mirada en la sublimidad de Mi naturaleza divina y humana, indisolublemente unidas en una sola Persona, dejarían de dudar y encontrarían que Su Virginidad no sólo conviene a Mí y a Ella, sino que es absolutamente complementaria ante la grandeza de Mi unión hipostática. En el Cielo sabrán mucho más de todo esto...
Ahora crean y aun pierdan la cabeza contemplando el misterio de Omnipotencia de Mi unión hipostática que ha servido de tropiezo a Lucifer y los suyos.
Llegado Mi tiempo, quise nacer en Belén y predispuse a Roma para el censo. Fue un símbolo con el cual tenía la intención como de reunir a los hombres para dar a muchos la sensación de Mi llegada a ellos. Pero no comprenderían y para despertarlos, ya se movían hacia Jerusalén los Magos que provocarían las investigaciones de los Sacerdotes judíos en las Escrituras. Sin embargo, también estos últimos permanecieron insensibles. Conmigo no estarían sino María y José; en efecto, en Belén Me esperaba la incomprensión para acompañarme hasta la Cruz.
De Mi nacimiento, hijitos, aprendan que para agradar al Padre es necesario en cierto modo morir, como que también en la muerte, si es semejante a la Mía, encontrarán la Vida Eterna. ¿Quién de ustedes quiere nacer muriendo? Nadie lo querría si Yo no interviniese con persuasión y energía. Pero Yo sé cómo hacerlos aceptar lo que no quisieran y no los dejo solos. A cada uno la medida necesaria , a todos Mi comprensión y compasión.
No se asusten de la lucha porque no es eterna y sobre todo porque es necesaria. El hombre que lucha consigo mismo, puede vencer y puede perder, lo esencial es que tenga la última victoria y deben creer que para alcanzarla es necesario comprobar la propia impotencia. Recuerden, luego, que Yo les garantizo amor aún cuando no les parezca que son amados por Mí.
Mírenme oculto en el seno de María. Yo ya hablo de Mí callando, esperando, orando por ustedes al Padre. Yo ya los invito a reflexionar que quise nacer para hacerme conocer con ustedes. ¡Qué alegría para Mí y también para ustedes, si Me aprecian! ¡Qué fuerza recibirán si Me acogen confiados! Piénsenme oculto, pero presente; presente, pero invisible. Después Me apareceré a ustedes, no teman, los consolaré y también les sonreiré.
Almas Mías, amadas, Yo no hablo para Mí sino para ustedes: ¡créanme, los amo! Y no poco, sino infinitamente...
Entre todas las criaturas, la más amante es Mi Madre. Antigua verdad, ésta, para los cristianos, pero para poder entenderla haría falta la luz que Me es propia. Por esta razón es bueno observar a Mi Madre en lo que Ha hecho, Ha dicho y en lo que Ha sufrido. Todos los que la aman, escuchen.
Conocida la noticia del censo, verificó que el viaje a Belén coincidía con la época de Su parto. Primera contrariedad aceptada plenamente por Ella. Profecías y hombres querían que Yo naciese donde Judá plantó sus tiendas. También Yo, como Hombre, pude querer tener origen puramente judío, además de estirpe real. Pero mientras más grande es la confianza del hombre, mayor debe ser la prueba a la que Yo los someto.
Llegados a Belén, los santos esposos no encontraron albergue. Y María, cada vez más abandonada a Mí, se adaptaba a todo. Los reyes y sus madres gozan de las comodidades de los Palacios: el Rey y la Reina del Cielo han gozado de la absoluta pobreza, del albergue improvisado, de la piedad de una jovencita que se preocupó de procurar albergue a Mi Madre en espera de Mí. María no habla: espera, pero en Su espera está toda la seguridad de la Madre del Creador, hecho Hombre, a la cual nada le faltará de lo que es indispensable. José tembló primero, luego se serenó. Ahora el esperado de los siglos podía presentarse al mundo cubierto por Su espléndida vestidura: un pobre que nace en pobres condiciones; lejos del bienestar, humilde hasta el exceso.
María callaba, pero estaba emocionada; Eloé, la mujer que Nos procuró el albergue, estaba encantada mirando la belleza de Mi Madre. José, un poco aparte, tenía el corazón que se le saltaba.
Llegada la hora, María apoyó Su cara en la mano derecha: un instante y el Hijo de Dios se presentó al mundo. ¡Hombres, tengan esperanza! ¡La salvación está entre ustedes! Entre todos, nació el más bello, ¿quién no lo sabe? Sin embargo de nada valdría ser bellos si no se ama. ¿Pero, puede un niño demostrar que ama? Esto fue posible para Mí, si bien Me escondía bajo el velo de la infancia.
Ve a dormir, gracias Mi niña por tu sacrificio, Yo velo tu sueño.
26 de marzo de 1997
Ante todo, el que ama hace el don de sus cosas y también de sí mismo. Así lo hice Yo por medio de María. Luego, el que ama se abaja ante la persona amada y quiere hacerse dependiente de ella. Como Dios solamente, habría permanecido en Mi altura y realeza sobre las criaturas; pero hecho Hombre, podía hacerme dependiente sometido a ustedes y así lo hice por medio de María.
En la noche de Belén se verificó todo esto. De modo que, mientras en el Cielo los Ángeles cantaban alabanzas a Dios hecho Hombre, en la tierra el hombre-Dios se daba a Sí mismo en estado de sujeción a los hombres.
Como es natural, Mis facciones físicas, arrebataron a Mi Madre, pero lo esencial en la tierra no es conocer Mi aspecto externo sino captar Mi interior, penetrar en Mi Espíritu. Por esta razón He puesto en Mi Iglesia la semilla indestructible de Mi Palabra y justamente por medio de Ella Mi Espíritu penetra en ustedes. Por tanto, si ahora les falta a los hombres la visión de Mi imagen externa, tienen Mi Palabra que es inmensamente mejor que Mis facciones humanas.
Les digo esto para que pasen de la materia al espíritu, aunque se trate de Mí, Dios hecho Hombre.
Virtualmente, el alma de un niño no se agranda con el crecimiento del cuerpo; pero en la primera edad el alma sigue al cuerpo y se adapta a él como prisionera encerrada en su celda. Tiene una vida propia que se manifiesta de muchísimas maneras; ciertamente no puede conocerse a sí misma, no puede querer y entender libremente, ceñida como está por la vida del cuerpo.
Sin embargo en Mí, aun en la pequeñez de la Humanidad seguía siendo Dios y por eso Me era posible concebir, de modo divino como el Hijo del Padre lo que no podía exteriorizar en forma humana, como hijo de María.
Por muchos motivos que ni los Teólogos entenderían, Me encontraba como un intelectual que pierde el uso de sus manos y que vive sin poder plasmar sus pensamientos en el papel.
Por ello Mi vida interior hasta los cinco años de edad, estuvo toda oculta, encerrada en Mí mismo. Pero no fue inútil.
De regreso de Egipto, a los dos años y seis meses, sufrí una infección cutánea propia de una epidemia infantil en esa época. Era el primer mal que soportaba y lo acogí como sólo Yo sé acoger el Querer Divino. Fue ocasión para rogar al Padre por ustedes, le dije: " Oh, Padre, haz que la virtud curativa que Me Has dado, se extienda de Mi Cuerpo a todas las almas y que ellas se alivien por Mi dolencia. Que todos vean en Mí a su Salvador y sus llagas sean las Mías. No contra Tu Querer sino para su cumplimiento, se curen en Mí. Que todos estén libres de sus miserias, porque no rechazo el ser mísero; que todos tengan consuelo aun cuando sufran. Padre, Te ruego, acoge Mi pequeño dolor y Mi gran Amor."
José y María se establecieron en Nazaret y Yo con ellos, aprendí, de manera experimental, las dificultades de la vida humana.
Treinta años de soledad para prepararme a la más grande misión. Los apresurados hombres de este año de 1997, tienen mucho que meditar sobre este hecho, especialmente quienes creen que pueden resolver sus intrincados problemas con distracciones o escuchando a muchos charlatanes que brotan como hongos nocturnos y venenosos por todas partes.
Para gozar de Mi luz, es preciso apartarse del ruido y permanecer firmes ante las lisonjas del mundo. Aprendan de Mí y encontrarán verdadero reposo para sus almas. Si así lo hacen, no les negaré la amistad de los hombres, pero serán pocos y bien selectos.
Al crecer todo debía alcanzar la perfecta exposición, ya sea de Mis cualidades naturales, ya de las virtudes en las cuales era excelso desde la Concepción.
En el seno de Mi Madre, He alabado a Mi Padre del Cielo; hoy recuerdo que la alabanza dirigida por Mí al Cielo era ciertamente plena, eficaz y digna, al haber sido hecha también por los hombres, debía tener la confirmación de éstos. De modo que, de conformidad con los decretos de Mi Padre, será necesario el fin del mundo, para que Mi alabanza, iniciada en el seno materno, tenga perfecto cumplimiento; no obstante las repulsas de muchos, haré que todo se cumpla. En cuanto a los condenados, la cuestión ha sido resuelta positivamente por adelantado: Ellos odian y jamás alabarán, ni por más que de nuevo Me hiciese crucificar en pleno infierno.
¡Cuántos pensamientos en Mí como niño! Debía vencer al mundo, debía actuar gradualmente para ser el Hombre que quise ser. ¿Y quién más que Yo sabía que Mi victoria sería a costa de sacrificios? ¿Podía no comenzar en seguida la obra que tanto Me urgía? Faltaban más de veinte años para Mi manifestación pública, pero tenía que hacer dos obras maestras de Mi divina bondad: María y José, Ellos debían ser los primeros en el Cielo, por eso Me dediqué todo Yo a Ellos.
Un día le dije a María: "Mamá, ¿puedes indicarme un sitio donde pueda orar a Mi Padre sin ser perturbado?" Ella contestó: "Hijo Mío, Tú conoces todo, ¿por qué Me preguntas lo que Tú ya sabes?". Con amor le dije: "Es para hacerte conocer que yo no quiero hacer nada sin que Tú tomes parte en lo que hago". Y Ella, dulce y comprensiva, Me indicó el lugar y Me pidió que en las oraciones que hiciera, la tuviera presente: "porque el ser Tu Madre -dijo Ella- es para Mí una enorme responsabilidad y el respeto que Te tengo, Me parece siempre poco".
En otra ocasión, porque era del agrado de Mi Padre, Me quedé tres días lejos de casa. Pero Mis Padres estaban prevenidos. Al regreso encontré a Mi Madre llorando porque durante Mi ausencia había tenido una terrible visión: Un mal Ángel le había hecho ver una parte de Mi Pasión. Me abrazó fuertemente y Me preguntó qué había hecho en esos tres días. Le respondí que había ido al sitio acostumbrado que Me había indicado y que allí Me entretuve en unión con Mi Padre. No Me decía nada de la visión que había tenido. Pero Yo sabía y la interrogué cautamente. ¡Pobre mamá! ¡Cuánta pena pasé en Mi Corazón por Ella! Cuando comprendió que Yo también había sufrido mucho por el mismo motivo que Ella, ocultó Su rostro entre Sus manos y lloró a lágrima viva.
José también participaba de Nuestras penas y, por otra parte, para El debía Yo también actuar, para formarlo en la sabiduría y hacerlo grande en el amor. Como verdadero custodio puesto por Dios entre María y Yo, José seguía Nuestros razonamientos y usaba con Nosotros las más delicadas atenciones. Le tuve amor en la tierra y les aseguro que ahora, en el Cielo, Me es muy amado y lo He elevado a una muy grande dignidad y decoro.
En efecto, Mi Padre adoptivo, Ha conservado y sublimado el poder que Le fue dado sobre Mí y sobre Mi Madre. El Me dio el pan en la tierra y le doy inmensa Gloria en el Cielo. Y María en persona lo alaba como a obra maestra de Mi Bondad... ¡Hombres ciegos, si supieran la grandeza de José, cómo se acordarían más de El!.
Si conociesen a José, serían muy felices al experimentar Su protección. Pero lamentablemente no buscan Su ayuda y en esto no se parecen a Mí, porque Yo quise tener necesidad de Sus cuidados y de Su protección. Sé muy bien que la grandeza de Mi Madre los ha vuelto casi ciegos para las grandezas de José, pero sepan que los dos Me amaron mucho y a los dos Yo escogí para Mí y para ustedes.
¡Cuántas veces dejé a Mi Madre el cuidado de la casa para ayudarle a El que representaba a Mi Padre en la tierra! ¡Cuántos suspiros y cuánto afecto de parte del elegido José para con el Hijo de Su María!
Cuando se trató de enseñarme a trabajar, José no se decidía a darme las primeras instrucciones. Yo leía en Su ánimo todos los sentimientos de humildad que le impedían guiarme en el trabajo. Y como se sentía movido a enseñarme Su oficio, una vez descubrió a Mi Madre sus sentimientos de humildad. Ella se llenó de compasión por José y movida de espíritu profético le respondió: "No temas, José, este Niño Nuestro debe trabajar Contigo porque Tú mismo aprenderás de El, mucho más de lo que Tú puedes enseñarle."
Así fue, al principio con timidez, José Me utilizaba en cosas pequeñas, luego Me puso a Su lado y Me hice Su apasionado colaborador. Pero mientras lijaba, cortaba, martillaba; trabajaba incansablemente Su alma que en verdad, respondía prontamente a Mis cuidados.
En cierta ocasión, José tardaba con un trabajo del cual dependía el poco de pan que necesitábamos. Esta vez, Yo no Me adelantaba a El, esperaba sus indicaciones... Finalmente, acabado el trabajo y José cansado por la tensión y la fatiga, Me preguntó: "Hijo, ¿ya no te agrada mi trabajo? Te noto cambiado". Le respondí: "Es justo que Yo Te ayude, Padre, pero esta vez He querido hacerte experimentar lo que todos los hombres deberían experimentar: el sentirse solos después de haber recibido muchas ayudas de Mi parte. Y quisiera que todos cumplieran su trabajo, sus cosas, con la paciencia que tú has ejercitado en esta ocasión y que nadie dejase las buenas empresas porque Yo no Me hago presente. Amado Padre - y aquí acaricié su frente sudorosa- Tú Me conoces lo suficiente y el privilegio tuyo de tenerme a Tu lado es garantía de Mi afecto por Ti. Me gusta ayudarte pero quiero ejercitarte mucho en el espíritu y por eso Me mantenía un poco retirado."
Dos gruesas lágrimas regaron el hermoso rostro de José; Yo se las enjugué y le besé la frente. Se arrodilló a Mis pies y Me dijo: "Hijo, no merecía el honor que Me Has dado, ¿cómo mereceré estar junto a Ti en el Cielo? Tu Madre sí, es digna de eso. Yo, como ves, Soy deficiente y lento".
Después de aquella época viví más apartado porque Mi Padre Me llamaba a la soledad. A la edad de 16 años hice un rodeo por la baja Judea, acompañado de Mi Madre. Por mil razones José hubiera querido seguirnos, pero tuvo que plegarse al Querer Divino que lo mantenía firme en Nazaret por algunos trabajos Suyos.
Mi Madre, en cambio era esperada por nuestros parientes. El viaje fue bastante largo. Por los caminos y pueblos vi a algunos de los hombres de los que hablaban ustedes ahora. Pedro, Andrés, Santiago y también Juan. Ellos ni siquiera podían sospechar qué encuentros tenían, pero Yo los conocía y veía de antemano todo lo de ellos.
Pasamos por Jerusalén, fuimos al Templo y Mi madre se acordó del episodio de Mi pérdida y sintió nuevamente la opresión del corazón que experimentó entonces, pero no Me dijo nada. Yo, apiadado por la gran prueba que tuvo, quise consolarla y le dije: "Madre, ¿ves este Templo? ¿Conoces cuán grande es la veneración del pueblo a este lugar? Pues bien, no pasarán muchos años y todo será destruido aquí y para siempre. Debe ser quitado el oro del Sagrario porque aquí, en Palestina y en todo el mundo se levantarán otros templos en los cuales será custodiado no el oro, sino Tu Hijo".... Sí, Madre, Yo habitaré en los Templos que Mi Padre hará construir y todos podrían acercarse a Mí, porque Yo Me haré alimento de todos y viviré en todos los que Me amen. Ahora es uno solo el que se acerca al Altar para ofrecer sacrificios a Mi Padre; después podrán acercarse todos, más aún, Yo mismo Me acercaré a todos y Me daré a todos los que deseen".
"Y ¿cómo será esto, Hijo Mío?", preguntó en medio de Su asombro y alegría. Le contesté: "Madre, ¿no He nacido de Ti solamente por la virtud del Espíritu? ¿Y no somos, el Padre, Yo y el Espíritu, vida perenne y Omnipotencia ilimitada? Te digo que así será y quien se alimente de Mí, llegará a ser también Tu hijo".
La admiración de Mi Madre se cambió entonces en ternura. Mi Palabra, iluminándola, la hacía partícipe de Mi íntimo pensamiento y Ella, embelesada, saltó de gozo: "Jesús, Hijo Mío, quiero ser la primera en adorar esta maravilla que me Has manifestado. Cada vez más veo Mi bajeza, cada vez mejor Me haces conocer Tu bondad. Cuando estés presente, así como Me dices, en los tiempos que habrán de venir, haz que Yo siga estando cerca Tuyo. Tú lo puedes hacer y no Me negarás este gran favor. Pero dime, ¿cómo se hará patente Tu presencia en lugar de Nuestro Sagrario?
Un poco de pan se mostrará a los hombres, un poco de vino y, bajo estas apariencias, estaré Yo presente... Ahora no puedo decirte todo, pero llegará un día en que nada se te ocultará"
¡Qué efecto, qué cambio obraron Mis Palabras en el ánimo de Mi Madre! El resto del viaje Ella meditaba sobre lo que Yo le había revelado.
Esto He querido decirles para satisfacer el deseo de alguno que pretendía conocer cómo había revelado el misterio de la Eucaristía... Cuando lo dije a los Apóstoles fue algo nuevo y no bien comprendido entonces, pero Mi Madre calló siempre hasta después de Mi Resurrección.
Y ahora que estoy ustedes, ¿por qué Me tienen tan olvidado? ¿Creen acaso que el don que les He hecho de Mí en la Eucaristía no Me costó mientras estaba en la tierra? ¡Oh, sí Me Ha costado! Para hacerles este don He tenido que luchar por la presencia de Mi Humanidad. Yo sé que no lo entienden, pero les explicaré ahora.
Mi Humanidad por sí Ha sido y es radiante, superior a la naturaleza angélica. Pero debiendo redimir, tenía que absorber todos los pecados. Podía redimir en un instante, pero no lo hice. Quise, en cambio, ser Hombre también en esto. Así que, gradualmente pasé a adquirir una fuerza tal que, por sí sola, ha trastornado todo el mal y lo ha vencido. Sólo entonces podía Yo, como Hombre, transubstanciar Mi Cuerpo, es decir Mi Humanidad bajo las apariencias del pan y del vino.
¿Comprenden lo que Me Ha costado permanecer con ustedes? ¿Creen en Mi amor? Lo que Yo podía hacer en un segundo, sin mayor sufrimiento, He querido que se hiciese en más de tres décadas. Para poder entregarme a ustedes enteramente, como Dios y como Hombre, no fue dudado en sacrificarme por mucho tiempo. Pero ahora Soy feliz por ustedes, porque Soy todo suyo y Mi felicidad no puede quedar en Mí solamente quiero que se derrame en ustedes, a quienes espero en los Tabernáculos, como un Dios que sabe esperar a sus Criaturas. ¡Cuántas veces en Mis soliloquios, Mi mente se ocupaba en ustedes mientras estaba en la tierra, esperando manifestarme al pueblo!
Me había hecho hombre por medio de María, pero debía llevar a cabo otra gran unión, la de Mi Sacramento, una unión que debía ser el fermento de la vida mística que quiero vivir en ustedes. Por eso palpitaba, suspiraba por la hora de poder unirme a ustedes. Y si bien veía todas las indignidades que se cometerían contra el Sacramento del amor, sin embargo prevalecía en Mí la alegría de la donación, a la tristeza de sus miserias, con las cuales no pocas veces se ofende la Santidad de Mi Sacramento.
Sí, He soñado mucho tiempo, como Hombre, en tener la correspondencia del amor; los He visto a todos, unidos en Mí, triunfar Conmigo en le Cielo y He alabado al Padre por ello anticipadamente, por ustedes y por Mí.
Por eso, no saben la alegría que Me dan cuando reciben la Comunión. Piensen en estas cosas, piensen en Mí, les garantizo que se volverán felices, que podrán adquirir las propiedades de Mi Cuerpo y de Mi alma. Les garantizo que, comulgando para contentarme, quedarán divinizados.
Cuando tenía veinte años, dije un día al Padre: Oh, Padre divino, Mi alegría es plena considerando el don que haré de Mí. Tú que gozas Conmigo, perdona Conmigo a los que Me ofenden en el Sacramento del Amor. Como Yo te agrado, así también Te agradarán todos los que, recibiéndome por amor, se harán semejantes a Mí. Yo reviviré en ellos y en ellos depositaré la sabiduría, la belleza y el amor que tengo, de modo que Tú con el Espíritu, pueden complacerse y considerarlos como a Mí. Yo reviviré en ellos, oh, Padre, oh Vida y Amor Mío, Espíritu Santo, incendia a Mis amados y condúcelos acá, a Mi Corazón.
Todas las veces que María preparaba la comida común, Yo no dejaba de una u otra manera, de demostrarle Mi gratitud por la obra amorosa que hacía. A veces la ayudaba a arreglar la vajilla y si el trabajo lo permitía, sabía preparar también Yo una sopa. Naturalmente Mi Madre habría querido hacer todo Ella, pero Yo Me demostraba tan afectuoso que María muchas veces dejaba de hacer. Yo la ayudaba a hacer las compras y si se trataba de buscar pescado, Mi Madre Me mandaba a conseguirlo. Pequeñas cosas familiares en las cuales demostraba el afecto recíproco y que Nos dejaban el alma una hermosa sensación.
Entre otras cosas, veía que Mi Madre, al dividir la comida, ponía mucha atención en no darme nunca en el mismo plato que usaba Yo antes. De manera que, llena de Fe y de amor como era, tomaba para Sí o bien ponía a José el plato que antes había sido Mío el día anterior -teníamos una sola comida diaria- ¿Pequeñas cosas? Sí, cosas pequeñas pero llenas de amor.
Muchas otras cosas y anécdotas alegraban Nuestra pequeña familia: cosas domésticas que quedaban entre Nosotros.
Pero afuera el mundo miraba con curiosidad y muchas veces habría querido meterse en Nuestra casita para darse cuenta de tanta armonía, de tanta paz. ¡Cuánta gente vive llena de insaciable curiosidad! Reconozco que los tres, involuntariamente, provocábamos curiosidad de los demás, pero Nuestro vivir era siempre conforme a Nuestra condición y, en todo caso, siempre modesto.
Vamos a hacer un paréntesis, ya no falta mucho, ahora recibe a uno de Mis hijos más queridos y dile cuánto lo amo. (Era para Mi Director Espiritual que acababa de llegar).
27 de marzo de 1997 (Jueves Santo)
(SEGUNDA PARTE)
Hija Mía, antes de escuchar Mis Palabras, cuando tengas este tipo de dudas, escucha a Mi Iglesia y obedécela. (Dudaba si debía haber hecho caso a una persona con respecto a la asistencia a los actos religiosos de Semana Santa en una Parroquia o si podíamos hacerlo en una capilla pequeña).
Continuemos con nuestro trabajo.
A medida que pasaban los años, se acercaba Mi hora y a ella Me aprestaba con toda dedicación. Pero antes debo mencionar a Mi amado José que debía precederme.
Su última etapa de vida terrena, José la transcurrió serenamente. Pero, al término de los cincuenta años, se enfermó seriamente. Sus manos no podían ya sostener los objetos, el hombro izquierdo estaba entumecido. Tenía artritis y los intensos cuidados que se le daban no sirvieron de mucho. Mi Madre y Yo lo asistíamos amorosamente, pero Mi Padre lo llamaba desde el cielo y por eso todo fue inútil. Lo que podía hacer por El era aliviarle el mal cuando se hacía más agudo, pero no siempre lo hacía. Así, el corazón, largamente probado, no resistió y al cabo de un tiempo José llegó a Su fin en la tierra.
Es verdad, El estaba listo a partir porque en Su alma habían madurado los frutos que Yo quería para El. Le faltaba sólo uno y lo maduraría en el mismo acto de morir.
Mi amado José, después de tantas fatigas, cuidados, temores y tanta cosa, merecía que Su Tránsito ocurriese con el consuelo de Mi Presencia...
No ocurrió así, El expiró en brazos de Mi Madre, sola mientras Yo había ido a orar por El. ¿No les gusta que haya sido así? Sin embargo, fue del agrado de Mi Padre y también del Mío. José es el Patrono de la Buena Muerte, porque en ella El fue consolado por María que Me representaba también a Mí. Pero sobre todo es Patrono de los Moribundos porque al morir hizo Su más grande sacrificio aceptando plenamente el Divino Querer que Me tenía lejos de El físicamente. ¡Cuán hermosa fue la aceptación de José al momento de morir! Justamente porque aceptó estar separado de Mí, El que tanto Me amaba, ha tenido el poder de allegarme a los moribundos que lo invocan esperando Su ayuda. Porque deben saber que a Mis Santos les doy el poder de intervenir benéficamente en las cosas en que ellos fueron más probados.
Mi Madre y Yo dispusimos lo necesario para la sepultura en un lugar que se encontraba al oriente de Nazaret, en las cercanías de la colina donde ahora hay un templo dedicado a San José. Su cuerpo ya no está en la tierra, sino que vive en el Cielo donde lo conduje Yo después de Mi Resurrección. El, en efecto, volvió a tomar Su cuerpo cuando Me presenté en lo que ustedes llaman Limbo y permaneció Conmigo, feliz y glorioso, hasta el día en que subí al Cielo junto con todos los otros que estaban en espera de Mí en el mismo Limbo.
María, después de la muerte de José, se dedicó enteramente a Mí. A Su sostenimiento material proveía Yo continuando el oficio de José y Ella ganaba algunas monedas bordando, confeccionando encajes para la gente que se encargaba del Templo o para alguna novia.
En aquel tiempo volvimos a Jerusalén peregrinando como simples fieles. Pero iba a llegar Mi hora y Yo tenía delante la obra para la cual había venido y que constituía la premisa necesaria para su redención. Por ello, se hicieron más frecuentes la soledad y la oración.
En unión con Mi Padre comencé entonces el gran retiro del cual debía volver lleno de celo para la misión que tenía que llevar a cabo. Puse todo el cuidado, para presentarme a los hombres que Me habrían de seguir y que en el futuro habrían de creer en Mí. Estaba pronto, era la hora, pero antes de comenzar quise vencer a un enemigo que desde hacía tiempo quería vencerme a Mí.
Para darse cuenta de las tentaciones que quise afrontar, deben saber que Satanás a oscuras de Mi Divinidad maquinaba su plan, sus redes. Se admiraba de que hasta entonces no se le haya concedido tentarme, porque en Mí, repito, veía solamente a un hombre.
Al término de Mi retiro, tuvo el permiso de tentarme y comenzó, como ya saben, cavilando en torno a Mi hambre. Las piedras podían convertirse en pan, pero la Palabra de Mi Padre era no tocar alimento. Por eso hablé al tentador como se merecía. Satanás debía rendir cuentas de su pecado por el cual cayó. Y su pecado fue precisamente combatir no sólo la Divinidad de Mi Padre, sino también negar que un día el Hijo pudiese asumir la naturaleza humana. Estas fueron las causas de la caída de Satanás. No quiso aceptar ser menos que un hombre. La Palabra de Dios lo irritó y lo puso furioso. De modo que, cuando le respondí que se puede vivir no sólo de pan, sino de toda Palabra que viene de Dios, le reproché también su inicial rebelión a la Palabra de Dios. Pero el mezquino volvió a la carga y Me propuso arrojarme de lo alto del Templo.
¿Debía Yo mostrarle Mi Poder? No, tanto más que cuando debía ser expulsado del Paraíso, trató de cambiar su miseria, pidiéndolo poder ofrecer su fuerza y su inteligencia para inducir a los hombres a adorarme cuando Yo llegase a la tierra. El, miserable y malvado, Me tentó a Mí su Dios ofreciéndome sus bajos servicios. Pero le respondí en el desierto: "¡ No tentarás al Señor tu Dios!"
Finalmente Satanás, viendo inútil rebelarse contra Mí -en su primera caída- viendo inútil el tentarme del modo que He descrito, habría querido ponerse él mismo en Mi lugar y ser adorado.
Y así en el desierto, tuvo la respuesta por entonces que tentaba a Mi Humanidad y por su primer pecado. Tuvo la respuesta de un Hombre, del mismo Hombre que él, Satanás, no quería que viniese al mundo. Y esto fue su terrible castigo, porque en Mis respuestas sintió claramente que no eran sólo por el momento, sino que apuntaban también a su caída del Cielo.
¡Cuánta miseria, cuánta soberbia en el desdichado ángel que se rebeló! Reflexionen y comprenderán mejor sus astucias. El, en efecto, es el espíritu que niega, que confunde, con toda malicia y que quisiera aparte de Mí a Mi grey. Me tentó a Mí, los tienta también a ustedes. Por soberbia hizo guerra a Miguel y fue derrotado; por odio engaña a quien le escucha; por envidia desprecia y hace despreciar a Mis ovejas.
Pero Yo He dicho que éstas conocerán Mi voz y por eso He garantizado que si siguen siendo Mías las ovejas que He escogido no se confundirán. Tendrán vicisitudes, altos y bajos, luz y tinieblas, pero Me reencontrarán con la confianza, con la constancia, con la paciencia.
Yo que Soy su Redentor, He querido tener contacto con nuestro enemigo común y lo He vencido no precisamente porque en Mí está la Divinidad, sino simplemente como Hombre. A su falaz presunción He opuesto la Sabiduría de Mi Palabra, es azote terrible para Satanás. Ustedes deben hacer otro tanto; pero es lógico que si no conocen Mi Palabra delante del rebelde, serán débiles y estarán desarmados.
Ahora debo hablarles de Mi Bautismo. Juan lo instituyó por inspiración divina y Yo Me serví de él para instruirlos. Las aguas del Jordán fueron usadas por Caín para lavarse cuando se manchó con su delito y Yo, al sumergirme en ellas, sentía sumergirme en las sucias aguas de todo hombre. Por eso dije a Juan que convenía que él Me bautizase y que Yo Me dejara bautizar: Mi intención era tomar el pecado de Caín y en él todos los pecados.
Pero Mi Padre, viéndome así humillado, Me alabó en alta voz, de manera que todos los presentes quedaron asombrados. E inclusive el Espíritu Santo, descendiendo en forma de paloma, hizo visible la aceptación divina, simbolizando la paz entre el hombre y Dios. Juan tuvo el testimonio que le había sido prometido y Me reconoció en seguida, aunque también él ignoraba estas cosas. Muchas acciones y cosas Mías eran símbolos y de ellos Me servía para unir Cielo y tierra.
Cuando llegué el Jordán Me confundí con los demás, pero cuando quise volver, Juan Me entretuvo afectuosamente. Me declaró que su misión había terminado pero Yo le dije: "No todavía, Juan; debes dar testimonio de la Ley divina y dar la vida por el pueblo". Juan no entendió de inmediato, pero después se persuadió de ello y Yo rogué al Padre para que su obra se llevara a cabo del modo establecido. Pero no fue ésta la primera oración que hice por Juan. Mi Espíritu lo seguía y lo guiaba desde que él saltó de gozo en el seno materno al saludo de Mi Madre.
Quiero hacerles una aclaración: Yo He alabado al Bautista, pero eso no significa que Me amó más que Mis Apóstoles, más que el otro Juan y que Yo prodigué más gracias al Bautista. El Evangelista Juan Me siguió, el hijo de Zacarías no. ¿Cómo pueden decir que es superior a los Santos que Yo He formado en la Nueva Alianza? Oh, niños ingratos que no saben ni siquiera leer bien el Evangelio?.
Cuánto daño se hacen a ustedes mismos y a los demás. Pero si no entienden que el Bautista, si bien fue muy grande, fue el más pequeño del Reino de los Cielos, al menos creerán que hacer de Embajador es mucho menos que hacer de Vicario. El que hace Mis veces es superior al que Me señala, ¿verdad? La dignidad de un Vicario Mío es ciertamente superior a la del querido Juan, hijo de Isabel. Juan es el último hombre que dio el Antiguo Testamento y s realmente el primero de todos en el reino de Israel.
Cumplida Mi vida en parte de lo que debía hacer en unión con Juan, se dirigió a los nuevos Andrés, Pedro, Santiago, Juan y los otros.
No quise Conmigo, en la intimidad, a los que estaban contaminados con el espíritu de la Sinagoga, porque debía hacer todo por fuera de ella. ¿Qué ayuda podía tener de tantos orgullosos?
Comencé a obrar justamente donde la sencillez era la norma, rehuyendo siempre las almas de los soberbios. Para pescar a los hombres, no se requiere tanto ser cultos, cuanto ser Mis amantes. Y es muy cierto que los mayores obstáculos a la expansión de Mi Reino están donde mayor es la cultura, acompañada o no de Mi Gracia. ¡Feliz Pedro, feliz Andrés y todos Mis Santos Apóstoles! Felices porque conocieron la ciencia divina ignorando la humana. Y si bien Yo no condeno el ejercicio de la mente, cuando está dedicada a una buena causa intelectual, Me duele que usen aquel don para, muchas veces, desmenuzar Mi obra y ridiculizar Mi Iglesia.
Todos Mis Apóstoles menos uno eran sencillos y puedo asegurar que con ellos Mi Corazón estaba satisfecho. Trataban con ellos con plena familiaridad y recibía todas las confidencias que querían hacerme. Al igual que las palomas toman agua con su pico, los Apóstoles tomaban de Mí todo lo que necesitaban, permaneciendo cada vez más halagados, abandonando al fin todo por Mí.
Antes He hecho una excepción que vale la pena subrayar. Judas Iscariote no era sencillo y sin embargo lo escogí, lo llamé tal como llamo a todos los que desearía salvar. Efectivamente, no llamo en previsión de la aceptación que tendrá Mi llamada, porque en tal caso Mi amor no sería perfecto. Yo llamo porque quiero dar a todos Mi amor aún cuando preveo la condenación de muchos. Pero por cada rechazo que recibo, estoy seguro que encontraré otro ofrecimiento.
He tratado a Judas con el mismo amor con que trataba a cualquiera de ellos; le di el poder de tener imperio sobre los demonios como a Mis demás Apóstoles; lo He mirado, no como a Mi delator y traidor, sino como al elegido de Mi Corazón, al alma por salvar.
¿Quién puede decir que no lo amé? ¿Quién puede dudar que lo elegí para redimirlo y no para hacerme matar por él?
¡Mis Amados Apóstoles, todos Me fueron amados, a todos los amé y a todos los amo todavía, aún cuando ahora uno de ellos continúa odiándome en brazos de Satanás. Por eso, durante Mi vida mortal oré mucho por ellos, velé sobre sus almas, los instruí como una madre instruye a sus pequeños. ¡Felices los que saben imitarlos! ¡Qué quieren ser instruidos por Mí, que no rehusan Mi Amor, que dejan sus cosas para seguirme! ¡Felices porque Me encontrarán a Mí lleno de comprensión, de atención, de alegría!... ¿Tendré que contentarme con seguidores tibios, almas desalentadas y pocos, muy pocos que crean en Mis grandes ansias de bien para ustedes?
Al hablar de Mis Apóstoles de entonces, pienso en ustedes, los presentes. A todos se les ha concedido tener parte Conmigo. Puesto que en cada uno de los doce veía la multitud que los habría de seguir y por lo mismo amaba a los que había elegido con predilección infinita.
Fíjense en Pedro, por ejemplo y miren después de él, la hilera de Santos Pontífices que lo han seguido. Pues bien, por el pobre pescador, por la piedra que puse como fundamento de Mi amada Iglesia, He vivido días y noches de oración, de dedicación y de entrega. Sé muy bien lo que significa ser Mi Vicario, hacer Mis veces en medio, tomar sobre sí la inmensa responsabilidad de custodiar Mi grey. Por eso di a Pedro grandes dones, le hice experimentar Mi Omnipotencia para que sus débiles fuerzas no fueran obstáculo a Mi obra.
También los demás tuvieron mucho amor por Mí y Juan fue el único de los doce que poseyó la virtud tan grata a Mí y que conservé, milagrosamente, en Mi Madre después de haberme engendrado; y precisamente por esa virtud dejé a Juan hacer Mis veces, con María, después de Mi muerte.
Son muchos los que no pueden entender esta preferencia Mía por los célibes, pero un día se verá cuánta sombra arroja en el alma la sensualidad... Les hago saber que, quien logra liberarse de la sensualidad por agradarme a Mí, tocará las cimas más elevadas que las que se conceden a los célibes... ¡Cuánta miseria, cuántas tristezas para los hombres, a causa del pecado de la impureza!
La principal razón por la cual Yo enseñé y enseño hoy el desprecio de las cosas mundanas, está en el peligro de que el hombre pueda perderse con el apego a ellas.
Hijos Míos casi al finalizar esta convivencia, esta comunión con ustedes, debo asegurarles que He resuelto todas las cosas de Mi vida con la luz racional, si eran transitorias, y divina, si se trataba de cosas pertenecientes a Mi misión.
Pero todo estaba guiado por el Espíritu y todo lo resolvía en pleno acuerdo con Mi Padre. Su Voluntad es precepto de tranquilo crecimiento y todas las adversidades no deben ser entendidas como Voluntad absoluta del Padre, sino relativa. Efectivamente, los obstáculos naturales y extranaturales no habían sido predispuestos por el Padre cuando los creó. Si subsisten se debe ante todo al pecado de Adán y Eva y luego a sus mismos pecados. Por ello Mi Padre quiere las dificultades por Justicia, pero sobre todo por Misericordia.
El sentido práctico que se debe tener en tales circunstancias consiste en tomar de Mí cada cosa y, al mismo tiempo, remediar en lo posible las cosas adversas.
Recuerden que en la última cena dije a Judas que hiciera pronto lo que quería hacer. Le dije para salvarlo de las iras de sus hermanos, de Mis demás Apóstoles. Por tanto; por Misericordia. El estaba decidido, no se habría vuelto atrás, por lo cual lo más práctico era alejarlo del peligro de ser descubierto. Lo ayudé a escapar, eso es todo. ¿Podían suponerlo ustedes? ¡Ah, cuando conozcan este Corazón, qué maravillas deberán hacer!
La otra cosa importante para vivir bien en la tierra es la buena voluntad. Pues para esto les digo que Me imiten en esta o aquella cosa que hice, ya que todas fueron de buena voluntad. Camino áspero es la adquisición del buen querer; pero después de muchas y prolongadas pruebas, pueden tener la buena voluntad que Yo deseo.
A todos ustedes, Mis amados, un triple abrazo, un beso fraterno y la invitación a meditar, con serenidad y humildad, Mis Palabras.
He querido relatarles en apretada síntesis, la vida del Hombre que nació, vivió, sufrió, murió y resucitó por ustedes, por cada uno en particular, no porque alguno lo merezca, sino por el inmenso amor al que mueven quienes hacen un sacrificio por estar Conmigo, por reunirse en Mi Nombre, por compartir con Mi Espíritu que los ha llamado, el amor y generosidad entre ustedes.
Amanecer del Viernes Santo,
28 de marzo de 1997
Mi dulce niña, Me dices que tienes sueño, como rogando que te conceda un descanso... ¿Qué crees que han sido Mis noches pasadas insomne en unión con Mi Padre? Fueron noches de oración, de sufrimiento y también Yo quedaba cansado, créeme.
Si ahora te mantienen despierta Mis trabajos o lo que llamas tus achaques, agradéceme porque Me sirvo de esto para volcar en ti y en muchos, ríos de luz, torrentes de Gracia.
¿Tienes sueño? Sí, es un regalo Mío también el sueño. Anda, descansa un poquito, pero permanece despierta en Mí...
Sábado Santo, 29 de Marzo de 1997 Jesús
CM 27: JESÚS JARDINERO
Mi Madre esperó dos días y dos noches para recuperar la alegría y fueron las horas más terribles para Ella. En efecto, desde la última cena al Domingo de Resurrección, María no tuvo un instante de reposo, un momento de consuelo. ¡Pobre Madre Mía, cuánto la He Hecho sufrir! ¿Acaso no podía liberarla de esos días y noches?
Quiero decirles una vez más que si amo a alguien (y los amo a todos), lo uno a Mí y mientras más lo amo, más lo uno. No duden en este punto porque todo razonamiento diferente al Mío es error y el error es desorden y separación.
Tal y tanto amor fue, por consiguiente, la causa de las penas de María y los judíos fueron el medio para la exteriorización de la causa.
¡Oh eterno amor que haces de Mis elegidos una nueva Cruz en la cual Me desahogo, oh vida de Mi vida que eres luz, amor y dulzura en la misma luz increada! ¡Oh, amor Mío divino que transformas los espíritus y ennobleces las intenciones de las almas. ¡Oh fuego verdadero que sabes destruir pequeñas y grandes adversidades y que te vales de ellas para acrecentar Tu misma llama! ¡Oh pequeños hombres, descarriados y llorosos! Créanlo: descarríos y llantos son fruto de sus jardines. Dejen que se acerque el jardinero. Dejen que proceda a cortar algunas ramas, que permitan el injerto de una rama que florece en Mi jardín.
Más tarde
Hijos Míos, no se asusten, todo está bien con respeto a Mi Hijo, ya pasó todo, tranquilos; aprendan a tomar todos sus obligaciones y responsabilidades para poder participar y tomar unos las tareas de otros, sin ninguna contrariedad. Hijitos, los quiero a todos en todo... Estoy con ustedes, en estos días, sentado en medio de ustedes, oyente y atento para participar de todo lo que hacen en su quehacer por acercarse a Mí ahora que tanta gente, ha planeado y gastado mucho dinero para buscar su diversión lejos de Dios.