P R O L O G O
No podemos negar que la época actual tiene la oportunidad de conllevar en sí un sentido espiritual muy profundo.
Desde 1561 los cielos de América adquieren mayor esplendor gracias a un milagro maravilloso que anuncia la aparición de la Santísima Virgen en un momento concomitante al descubrimiento de América por los españoles. En Ella, otra vez, la Madre que viene a abrazar a sus hijos desorientados que no aprenden a vivir en paz cuando dos culturas, hasta entonces desconocidas, se juntan por vez primera.
Pero esta voz no se hará escuchar únicamente en tierra mexicana, luego será la vez de Venezuela, en Coromoto y la peregrinación continuará hasta nuestros días.
Los extraordinarios eventos reconocidos por la Iglesia Católica como Lourdes (1856), Fátima (1917), Siracusa (1954), son la prueba de esta presencia viva que acompaña regularmente la experiencia terrena y espiritual de los hombres.
La "luz de la vida" nos trajo el brillante esplendor de su visita mediante la imagen de un Cristo que llora en el valle y que las autoridades de la Iglesia, luego del estudio correspondiente, han autorizado su veneración.
Pero ese amor divino, preocupado ante la frialdad de los hombres del siglo XX, envía otra muestra de su amor a Bolivia mediante unos Mensajes dictados a su hija Catalina, con quien además ha firmado un convenio de amor dejando en sus manos y pies los signos que distinguieron su pasión: "Sus estigmas".
En diversas publicaciones se ha descrito este acontecimiento que se une a experiencias similares asombrosas vividas por diferentes miembros elegidos de nuestra Iglesia. Hoy, nuestro país vivencia esta gracia y lo hace con reverente gratitud. Los mensajes acarician nuestros valles y sus montañas con palabras tiernas y generosas, con un vehemente contenido de orientación y consuelo, cada palabra es tan dulce como la miel temprana.
En este contexto, tenemos a bien poner a disposición del hermano lector, otro texto con lecturas gratas para el alma y cuyo origen podrá identificar fácilmente el corazón abierto y el espíritu sencillo.
Luego de la "La Gran Cruzada del Amor", llega a nosotros "La Gran Cruzada de la Misericordia" representando las piedras angulares de aquel Mensaje que desde Fátima a Conyers (Atlanta), desde Betania (Venezuela) a Medjugorie, desde Akita (Japón) a San Nicolás (Argentina) expresan el tema más querido por nuestro Señor: EL AMOR Y LA MISERICORDIA.
¿Dónde encontrará el hombre la dulzura del corazón? Se pregunta Jesús, y sólo hay una respuesta: "En Su corazón", a El nos llama mediante una actitud tan poco comprendida por el rebelde hombre de hoy: la humildad, aquella que nos invita a hacer Su voluntad.
¡Qué curiosidad!, toda la instrucción psicopedagógica que el hombre cultiva sugiere al hombre construir "su propia identidad", y se trabaja para ello: nombre, apellido, escuela, colegio, instrucción superior, profesión... pero se descuida en medida sorprendente la "verdadera identificación", aquella de naturaleza espiritual.
Y para quienes toman en cuenta la sugerencia, el mensaje es provocativo "nuestra identidad la encontramos... al seguir las huellas de Cristo, cuando damos testimonio vivo de sus instrucciones, cuando nos convertimos en los pastores que cuidan las ovejas de Quien las creó. ¡Qué extraño el hombre: viene de Dios, pero no pocos buscan su principio y fin, lejos de El...!
Y donde está El, está Su Madre, no puede dejar de insistir en la honra que espera para Ella, nos orienta en el lugar que la Madre debe tener en nuestras vidas. Jesús refiere a Catalina: "Mi Madre dice al Padre que me ve en cada uno de ustedes". Son diálogos del cielo, nos revelan nuevos susurros de amor tan cálidos como los que la Virgen expresaba al tierno niño de Belén.
También refiere: "Mi Madre, ¡Qué bella era, en Su esplendor virginal, cuando Me llevaba en su seno, nutriéndome con Su sangre! ¡Cuán delicada cuando ocultamente adoraba y se humillaba sabiendo que tenía en Sí misma a Su Creador".
"Hablaba Conmigo íntimamente, Me nutría mientras Yo alimentaba Su alma. Ella Me gobernaba a Mí, que gobierno el universo y desde entonces, todas las cosas que le He dado, han pasado a Sus manos como Su propiedad".
"Ustedes, saben, hijos Míos, que entre todos fue colocada a Mi diestra. Sin embargo, ¿quién creería que cuando Yo crecía en Ella, le fueron reservadas ásperas críticas y amargas perversidades?"
A pesar de lo amargo de ciertos capítulos de la vida contemporánea, los Mensajes nos invitan a estar en calma, aunque no dejan de instruirnos: "Reconozcan las señales" ¿Por qué? ¿Es que realmente vivimos una época especial que nos invita al verdadero cambio de vida?
El hombre de espíritu abierto tendrá que preguntarse. ¿Por qué tantos mensajes en cada país del mundo? Apariciones, lacrimaciones, fenómenos naturalmente extraordinarios... Dios nos habla cada momento y si ha escogido este modo masivo de hacerlo sabrá por qué. El hombre de fe está invitado a orientadora sabiduría, amor y misericordia, pero requiere aproximarse a la fuente con humildad, oración y disposición interior.
Los mensajes que se presentan son para todos, pues todos somos discípulos del Señor. Sin embargo, recuerda a los comprometidos con la vida pública al manifestar. "Para ti que eres político te digo que, quien quiera contribuir a mejorar la vida social y económica, debe examinar continuamente la pureza de las propias intenciones y de los medios empleados, conocer las disposiciones interiores que deben acompañar los cambios estructurales propuestos y ayudar a los demás a adquirirlos. Quien se consagra a Nuestros Corazones, quien participa en la consagración de su nación y de la humanidad, debe tener conciencia de las ambigüedades que se esconden en el mundo y en el corazón. Debe sentir profundamente la necesidad de redención y tener una gran confianza en el poder Redentor del mundo".
"Por ello, la consagración a Nuestros Corazones, incluye la oración constante por la purificación del propio corazón y por el establecimiento de relaciones interpersonales más sanas, aún en vista de un mejoramiento de la vida pública".
Los mensajes develan la preocupación de Jesús por el individuo y aquella célula viva de la sociedad que es la familia. No sin razón dicta la siguiente plegaria introduciéndola con esta petición:
"Te pido que unas a tu familia y hagan esta pequeña oración: Señor, Dios Padre todopoderoso, este Tu pueblo está enfermo, Enfermo del alma y enfermo del cuerpo. Y nosotros queremos clamar en este momento: cura a Tu pueblo de toda falta de amor, cura a tu pueblo de toda cerradez del corazón, de toda tristeza y angustia, de toda falta de fe y perdón. ¡Oh Señor!, socorre a Tu pueblo en las dificultades de crecimiento espiritual, socorre a Tu pueblo carente de Tu gracia y de Tu amor. Ten Misericordia de nosotros en el nombre de Jesucristo, Tu Hijo, Amén. En Mi nombre, perdonen, hija Mía..."
Los mensajes nos muestran ese Dios cuya constante presencia sigue cada respiro nuestro: le apena ese carnaval tan rodeado de pecado, la ausencia de ejercicios de piedad, aquella ceguera que no permite ver las puertas del cielo y que con tanta insistencia quiere atravesar solo las puertas de la tierra en cuyo destino final espera la caducidad.
Pero es Maestro y se preocupa, nos sugiere algunas prácticas:
"Estudien la Biblia, nútranse del Evangelio permanentemente. Permitan que su comportamiento hable por las palabras de sus acciones, no hay tiempo para derramar energías cuando Yo les concedo el regalo del amor, a través de esta enseñanza".
- Lectura de la Sagrada Biblia y de los Evangelios
- Oración
- Encuentro Conmigo en la Eucaristía
- Conversaciones, diálogos frente a Mis Sagrarios
- Sumergirse en el amor de Mi Sagrado Corazón.
- Hacer obras para el prójimo.
Comprensivo como es, nos previene que el cambio no es inmediato, nos vamos formando gradualmente, pero no hay que olvidar que con su divina gracia, nada nos falta.
No ofrece el camino fácil, anuncia las dificultades, los escollos a encontrar, pero también nos vuelve a iluminar: "Con las piedras que encuentres en el camino, sé delicada y llévatelas. Y si no las puedes cargar en los hombros como a hermanas, al menos, déjalas atrás como a amigas". Nos habla de una planta que crece en el corazón de quienes se convierten y van en pos de Dios: "la alegría", pues la paz interior es risueña.
"No se asusten de la lucha" - continua- "porque no es eterna y sobre todo porque es necesaria. El hombre que lucha consigo mismo, puede vencer y puede perder, lo esencial es que tenga la última victoria, aquella que conduce a la vida eterna. Recuerden que Yo les garantizo amor aun cuando algunos no me busquen y otros tengan la impresión que no existo."
Cada mensaje es enriquecedor, su contenido vivencial. De especial ilustración es la narración relativa a la preparación a su vida pública. Explica su crecimiento interior, su soledad, sus sufrimientos, una constante de la cual hasta hoy no se puede liberar: la ingratitud de los hombres.
Jesús nos recuerda que Dios Padre fue su fortaleza y el incondicionado amor de su Madre le mostró que Ella le acompañaría siempre. Son capítulos de honda humanidad, se conoce al Hombre-Dios, con una carne que experimentaba pesares y que superaba mostrándonos como ejemplo la fortaleza que cada uno de nosotros debe tener al seguir sus huellas. Las secuencias, nos ilustran el camino que siguieron los primeros santos de la Iglesia cristiana: sus amados apóstoles.
"Lavé los pies a doce toscos pescadores, Me abajé a ellos para dar ejemplo, sí pero además para que dejándome a Mí mismo en alimento a las almas, conocieran todos por anticipado que Yo quiero purificarlos completamente, además de saciarlos de Mi amor".
Nos insiste en la necesidad que tenemos de purificarnos, solo su dulce paciencia y su amorosa Sabiduría pueden mejorar el conocimiento de nuestro yo interior. Debemos imitar a Pedro cuando repuso con convicción: "Si es así lávame no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza". Nos dice al final: "Ustedes que militan en la tierra, únanse en palabras de alabanza a Mi primer Vicario, primer ejemplo de alma generosa. El encomio que más interesa a Pedro es que lo sigan junto a Mí. Ardan con el fuego que quiero darles; pídanmelo, les daré y mucho. Sean generosos y confíen en Mi obra. Pero antes deben tener fe en ella y luego, si Me aman se fiarán de Mí".
Nos advierte sobre una realidad bastante ignorada por los autosuficientes hombres de fin de siglo: "el peligro de ser arrojados en las garras de Satanás, su eterno enemigo, aquella constante realidad que a diferencia de las verdades divinas está siempre como espada suspendida sobre la cabeza de todos y es espada que se advierte sólo cuando cae sobre nosotros. De aquí la invitación a una vida recta, pura, límpida, encendida por la oración y la frecuencia de los sacramentos.
Nos habla del cielo, del purgatorio, del tránsito a la otra vida, sus palabras son verdaderamente Palabras de Vida Eterna, invita a exclamar con el salmista: "¡Señor, qué grande es Tu Nombre... en toda la tierra!"
Es un lamento cuando dice: "Doy mensajes y mensajes, todos llenos del mismo amor, sin acordarme que el hombre Me olvida. ¿Qué debería pensarse de Aquel que no se enoja contra tantos desamorados y que mantiene con el hombre el pacto de amor que el hombre mismo ha violado? Por esto Soy olvidado porque uso el amor y los hombres -en su mayoría- no recuerdan cuánta aflicción tuve por ellos. Si Mi amor pudiese tener término, sería el fin de todos, nadie escaparía a la muerte eterna".
Tiene algunas palabras enfáticas sobre la Sagrada Eucaristía, donde se invita a ser MISIONEROS DE LA EUCARISTÍA, ve la importancia de difundirla en su mayor extensión.
"¡Una Misa!...¡Piensen -dice- que el sacerdote que Me llama a sus manos tiene un poder que no le He concedido ni siquiera a Mi Madre! Reflexionen que si en lugar del sacristán sirvieran al sacerdote los más excelsos Serafines, no serían suficientemente dignos de estar junto a él. Pregúntense si, no obstante la grandeza del don que les hago, son aún dignos de estar en la Misa pensando en otra cosa que no sea Yo... Lo justo sería que humillados y agradecidos palpitasen en torno a Mí y con toda el alma Me ofreciesen al Padre de las Misericordias. Sería justo que consideraran el Altar no porque lo han hecho los hombres sino por lo que vale dada Mi presencia mística pero real... Miren la hostia en la cual toda especie está anulada y Me verán a Mí humillado por ustedes. Miren el Cáliz en el que Mi sangre vuelve a la tierra, rica como es de toda bendición. Ofrézcanme al Padre, no olviden que por esto Yo vuelvo a ustedes".
"Si les dijeran: vamos a Palestina a conocer los lugares donde Jesús vivió y donde murió, su corazón saltaría de gozo, ¿no es cierto?. Sin embargo el Altar al cual Yo bajo ahora es más que Palestina, porque de allí partí hace veinte siglos y al Altar vuelvo todos los días vivo, verdadero, real, aunque oculto pero soy Yo justamente Yo que palpito en las manos de Mi ministro. Yo el que vuelvo a ustedes, no simbólicamente, ¡oh, no!. Sino verdaderamente, les digo una vez más: ¡verdaderamente!"
"¡El ojo humano que quiere ver qué grosero es y cuánto daño causa! Yo les He dado un ojo más agudo, más penetrante, hagan uso de él y verdaderamente verán a Quien hoy les habla, que hoy les recuerda su sacrificio, y que hoy y mañana quiere incendiarlos de amor".
"¡Getsemaní, Calvario, Altar! Tres lugares de los cuales el último, el Altar es la suma del primero y del segundo; son tres lugares pero es uno solo el que encuentran ahí"
Mensajes de profundo significado, que Catalina, su secretaria de la tierra difícilmente podría componer en minutos o pocas horas como ella los presenta.
Todas estas palabras son mensajes de orientación, nacen del corazón del buen Pastor que atraviesa senderos hasta encontrar la oveja perdida, El quiere encontrarnos, no hagamos que su búsqueda se prolongue, pues luego junto a El nosotros tendremos que ir detrás de otras ovejas perdidas. Empero, no obremos por nosotros, por temor o sentidos terrenos egoístas".
Dicta a Catalina: "Tengo una serie de discípulos que riegan el huerto de todas las virtudes, pero no lo hacen por amor a Mí, sino por su utilidad presente y futura. Muchos son los que hacen así y por eso no dan grandes pasos en la vía de Mi amor. Pero algunos otros han comprendido esta verdad y se esfuerzan en obrar por Mi amor. Estos son los predilectos, pues ellos han encontrado la perla preciosa de Mi Reino y son semejantes a Mí, por eso reconocen Mis palabras de Misericordia pura".
Cochabamba, octubre de 1997
Mes del Congreso Eucarístico Mariano Bolivariano
Grupo Internacional para la Paz
Apostolado de la Nueva Alianza